Opinión |9 Feb 2012 - 11:00 pm
Del Carnaval de las Artes y otras cuerdas locuras
Por: Patricia Lara Salive
Cuando Heriberto Fiorillo iba a cine en Barranquilla, de la mano de su padre, pasaba por un bar y lo oía decir: “Ahí se la pasan los locos de La Cueva: se abrazan, se cogen a trompadas, escriben, pintan...”.
Entonces él creció con la curiosidad de conocerlos... Luego comenzó a leer y vio que aquellos que estaba descubriendo eran esos mismos locos: Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, Alejandro Obregón, en fin, el grupo de amigos a quienes Gabo, en Estocolmo, en vísperas de recibir el Premio Nobel, les ofreció una fiesta y les dijo: “Si no fuera por ustedes, yo no sería Nobel”: su creatividad y talento se habían multiplicado gracias a sus conversaciones, lecturas compartidas y parrandas memorables con ellos.
Mucho más tarde, cuando Fiorillo dirigía en Bogotá un noticiero de TV, tomó la sabia decisión de vivir en Barranquilla. “Ya veré cómo sobrevivo”, se dijo. Entonces hizo libros que les vendía a empresas como obsequios de Navidad. Escribió el llamado La Cueva. Crónica del Grupo de Barranquilla, y se lo ofreció a los Char, dueños de Olímpica, quienes habían comprado la casa donde funcionaba el legendario bar. Jabib Char le dijo que no le compraría el libro, pero le propuso que hicieran una fundación y ellos aportaban la casa. Fiori le contó a Antonio Celia, gerente de Promigás, quien le dijo: “Si tú le jalas, yo le jalo”. ¡Y ambos le jalaron! Y al poco tiempo consiguieron mil millones, remodelaron la casa y reabrieron La Cueva en el 2004, como restaurante-bar-museo de la historia del Grupo de Barranquilla.
Pero Fiorillo quería “construir cultura” en la ciudad, e inventó el proyecto Vamos a la Cueva, en el que niños pobres del Atlántico pasaban el día allá, almorzaban y asistían a talleres de pintura y literatura donde se premiaban los mejores trabajos. Luego lanzó La Cueva en el Aire, un programa de radio semanal que fortalece la identidad cultural de Barranquilla y el Caribe; Barranquilla al Pie de las Letras, plan en el que escritores conversan con niños de colegios populares; La Literatura pinta Bien, donde los autores les cuentan un cuento a cientos de niños y un pintor los ilustra con base en el relato que ellos hacen de lo que escuchan, y esos cuentos, llamados Cuentos de la Cueva, los edita Ediciones La Cueva, que ya lleva varios volúmenes de entrevistas a escritores, crónicas, etc; La Cueva por Colombia, iniciada en el 2011, proyecto itinerante en el que van de pueblo en pueblo llevando la historia del Grupo de Barranquilla; el Carnaval de las Artes, parecido al Hay Festival, pero mucho más divertido, que comenzó el miércoles con un homenaje a Joe Arroyo, y el último invento de Fiorillo: la entrega del Premio Nacional de Cuento La Cueva a Carlos Franco, el primer ganador entre 1.048 participantes, por parte del representante del jurado, Diego León Hoyos, en atuendo de letrado del Siglo de Oro español y rodeado de angelitos y personajes danzantes del Carnaval: El Garabato, Cantinflas, Chaplin, Kiko, El Caimán...
Y mientras llega Fiorillo con otra idea, gocémonos este sexto Carnaval de las Artes en compañía de escritores de lujo como Laura Esquivel, Juan Villoro, Eduardo Lago, Darío Jaramillo, el director de cine Fernando Trueba, los músicos Joe Quijano, Isaac Villanueva, el gran pianista cubano Guillermo Rubalcaba y, por supuesto, las figuras del Carnaval: el Congo Grande, los capuchones, las marimondas y Joselito Carnaval.
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