Opinión |9 Feb 2012 - 11:00 pm
Las confesiones
Por: Cartas de los lectores
Se equivoca el abogado Jaime Granados si piensa que el país está de acuerdo con su presunción de que las explosivas confesiones del extraditado Juan Carlos Sierra, alias El Tuso (El Espectador, “La idea era acabar con la Corte”, 05-02-12), hacen parte de una venganza criminal de quienes fueron extraditados a los Estados Unidos por el gobierno del presidente Uribe.
Entre otras razones, porque ya son demasiados los cabos de miedo que comprometen directamente a altos funcionarios del gobierno de la cacareada seguridad democrática y del “todo vale”. Y porque la conjetura del abogado es la misma que utilizó para confrontar las no menos impactantes declaraciones de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna.
Sin embargo, sí llama poderosamente la atención que el defensor Granados pueda estar desestimando la jurisprudencia de la Corte Suprema relacionada con el valor probatorio que podría otorgarse a los testimonios de quienes, habiendo hecho parte de organizaciones criminales, decidan colaborar con la justicia.
Tal como ocurriera con el relevante aporte testimonial que hiciese el exparamilitar Jairo Castillo Peralta, alias Pitirri, el cual permitió a la Corte consolidar las investigaciones en no pocos casos de la parapolítica, y proferir, entre otras, las sentencias ejemplares contra los exsenadores Álvaro García Romero, Mario Uribe y el exgobernador Salvador Arana.
Es por ello que resulta pertinente preguntar: ¿qué argumentos jurídicos podría tener la Fiscalía para no aplicar dicha jurisprudencia en las confesiones de los poderosos jefes del paramilitarismo? ¿Podría descartarse que la actual seguridad de que gozan sus familias en el exterior, no sea quizás la primerísima razón que llevó a los extraditados a darle rienda suelta a tan revelador “desahogo”?
Como es obvio, corresponde a los fiscales y a los jueces decidir sobre el valor probatorio de los testimonios de quienes hicieron parte del inédito y vergonzoso capítulo de la conspiración contra la institucionalidad colombiana, el cual superó con creces al que acabó con la carrera política del expresidente Richard Nixon.
Ramón Francisco García S.
Ocaña.
Precisión médica
Al leer su editorial de ayer encuentro una referencia al misoprostol como la “píldora del día después”. Tal definición se aplica en nuestro país al levonorgestrel. El misoprostol es un análogo de prostaglandina que se utiliza en obstetricia para fines terapéuticos, y que también es utilizado subrepticiamente como abortifaciente. No es propiamente un anticonceptivo ni es la píldora de marras.
Jaime Hoyos, M.D. Bogotá.
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