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Paz |1 Ago 2009 - 1:00 pm
'El Mechudo' de Armero, el hombre de la radio, el locutor y el dibujante introvertido
Miraflores: once años, cuatro historias
Por: Alfonso Rico Torres / Enviado especial a Villavivencio
Desde su casa, en Villavicencio, el ex gobernador del Meta Alan Jara recordó los momentos compartidos junto a los cuatro militares que fueron secuestrados el 3 de agosto de 1998 en Miraflores (Guaviare) y que siguen cautivos.
Once días después de que arrancara su pesadilla, que vendría a durar 2.760 noches, los conoció. "Me secuestraron el 15 de junio de 2001, hace ocho años, y en camino, atravesando la zona de distensión desde el municipio de Lejanías (Meta), me gasté 11 días hasta llegar a un sitio donde estaban 28 militares y policías, hoy día los llamados canjeables".
"Era el primer civil en entrar a ese sitio. En el momento en que a mí me metieron a la jaula, al campamento donde estaban todos ellos, recuerdo mucho, sentí una solidaridad total. Todos, de una u otra manera, trataban de que no decayera. Y me llamó mucho la atención pensar que estas personas ya tenían tres años de cautiverio y no fui yo quien llegó a darles ánimo sino ellos a mí. Además conservan su dignidad, su integridad como soldados, respetando los grados y sintiéndose muy orgullosos de ser integrantes de la Fuerza Pública".
Y es por ello, por haber estado con los que siguen aguantando en la selva, que puede dar fe de sus historias. Ya en su casa de Villavicencio, en libertad, el ex dirigente político del Meta recuerda los momentos que junto al cabo Róbinson Salcedo Guarín, el teniente William Donato Gómez, el sargento Arbey Delgado Argote y el cabo Luis Alfredo Moreno, todos con diferentes grados dentro del Ejército por cuenta del ascenso que les han dado por ley, pasó en medio de la tragedia. Este 3 de agosto, estas cuatro personas cumplirán 11 años desde que fueron secuestradas tras el ataque de las Farc a Miraflores (Guaviare), cuando cerca de 500 insurgentes asaltaron la base antinarcóticos y se los llevaron.
El ex gobernador resalta cómo eran esos ejercicios de esparcimiento con el único fin, según sus palabras, de "robarle tiempo al secuestro". O como díría el policía Carlos José Duarte Rojas, plagiado en la Toma de Puerto Rico (Meta) el 10 de julio de 1999, como lograban, los militares aún, ponerse la máscara del payaso. "Podíamos reirnos, pero el dolor estaba por dentro", dice lacónico.
'El Mechudo' de Armero
La historia del cabo Róbinson Salcedo es de no creer. El 13 de noviembre de 1985, cuando Armero quedó hecha lodo y piedra, el entonces adolescente fue avisado y como pudo le escapó a la muerte, suerte que no corrió gran parte de su familia.
Pitalúa, como lo conocen sus seres queridos, se enfiló en el Ejército a pesar del malestar que para la señora Trina, su madre, y Marta, su hermana, representaba dicha decisión. Así, cumplidos ocho años al interior de la institución y con 26 años de edad, llegó la Toma de Miraflores en 1998, el motivo por el cual perdió su libertad.
"A él lo conocemos como 'El Mechudo' porque decidió no cortarse el pelo hasta que esté en el helicóptero que lo traiga a la libertad. Lo tiene larguísimo y, como cosa curiosa, es el peluquero de los demás. Es él quien más muestra una coraza, como si nada le importara, aunque esté sufriendo", recuerda el ex gobernador Alan Jara.
"Es una persona con una mística y una convicción a toda prueba, con decirle que de recortes de camiseta armó una bandera nacional y la iza de 6:00 am a 6:00 pm mientras los guerrilleros lo miran; no se lo tienen prohibido. Es muy hábil con las manos para reparar cualquier cosa, hasta un radio viejo. Improvisa una linterna, se inventa un morral y casi nunca esos implementos son para él, sino para quien lo necesita", agrega.
"De Róbinson Salcedo supe que fue un sobreviviente de Armero y que él era casi un niño cuando se presentó la tragedia. Esa historia la sé porque en las clases de inglés él me las fue contando, en inglés", apunta el ex gobernador, tras explicar que de aquel hombre silencioso en demasía, oriundo de Ambalema (Tolima), no tiene referencia hace varios años, pues luego de compartir los primeros tres del secuestro, tiempo durante el cual supo de varios dolores en la espalda de su amigo, la guerrilla los dividió.
El hombre de la radio
A los 19 años de edad, William Donato Gómez decidió ser integrante de la Fuerza Pública. Amante del fútbol y velocista empírico, este hombre nacido en Sogamoso en 1966 muy rápido se fue destacando como oficial en la Escuela General Santander hasta que terminó en la base antinarcóticos de Miraflores, un sitio nada fácil para un uniformado teniendo en cuenta la amplia presencia guerrillera en el sur del país.
El día de la Toma estuvo a poco de salvarse del secuestro, pero la guerrilla prefirió llevárselo mal herido a pesar de lo que esa situación significaba para su traslado.
"Con el teniente William Donato Gómez, hoy en día teniente coronel, tengo un recuerdo muy bonito. La noche que yo llegué decidió regalarme su radio. Y la radio para el secuestrado lo es todo porque es el contacto con su familia. Él me preguntó: 'Doctor Jara, ¿usted tiene radio?'. Le pedí que no me dijera doctor, que me llamara Alan. Y de nuevo dijo: 'Doctor Jara, ¿usted tiene radio?' Yo no tenía radio. Entonces me dijo que mejor lo tuviera de manera que pudiera escuchar a mi familia. Ante un gesto de esos, de una persona que no lo conoce a uno, que está en peores circunstancias por llevar más tiempo secuestrado, queda uno asombrado. Construí con él una amistad muy sólida. Y con la familia, ahora que estoy libre, también tengo una relación muy cercana. Ese gesto que tuvo conmigo lo tuvo con todo aquel que iba llegando secuestrado".
El ex gobernador también recuerda que con él compartió todo el tiempo del secuestro, razón por la cual se conoce a la perfeccción las anécdotas del uniformado con María del Carmen o Jaqueline, su madre y su hermana, respectivamente. "Cuando empezó el proceso de liberaciones unilaterales él se alegraba muchísimo porque otros iban a salir, en lugar de estar triste porque no salía. Él, al igual que todos los militares y policías que siguen allí, tienen la consigna de que uno que salga es ganancia. Es una de las dos
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