19 Oct 2012 - 10:34 pm

‘La Voz Colombia’

El formato de la sintonía

El concurso, que estrenó Caracol Televisión el 1º de octubre sabe manejar las emociones del público y por eso se ha convertido en una propuesta exitosa de la televisión actual.

Por: Juan Carlos Piedrahíta B.
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Los entrenadores y los asesores durante una de las batallas de ‘La Voz Colombia’. / Cortesía Caracol Televisión

La Voz Colombia no es un reality, y desde hace un par de días dejó de ser un concurso para convertirse en un tema. Es un punto de encuentro en cualquier conversación y su nombre surge de manera desprevenida. Cuando menos se espera, alguien habla del favor que les hicieron a los entrenadores al convocarlos para realizar este trabajo, a veces cruel y despiadado, porque los volvió a ubicar en los escenarios más importantes de la industria musical.

Cuando se agotan las discusiones en torno a la coquetería de Carlos Vives, los chistes espontáneos de Ricardo Montaner, la sensibilidad extrema de Fanny Lu y la popularidad de Andrés Cepeda al conocer a la mitad más uno de los concursantes, aparecen en el ambiente los comentarios sobre el desarrollo de este programa estrenado por el Canal Caracol el pasado 1º de octubre con una audiencia significativa del 44,7% de share personas (es decir, que de 100 personas que ven televisión en ese momento, ese porcentaje ve el programa), lo que se convirtió en todo un récord y por eso, en su primer día de emisión, fue el espacio más visto en la televisión nacional.

La Voz Colombia es una adaptación del consolidado formato holandés The Voice, popularizado en varios países de Occidente a raíz de su versión en Estados Unidos, emitida por la cadena NBC desde abril de 2011. El espacio se ha transmitido en más de 40 países y a través de un número superior a los 120 canales. Christina Aguilera, Tom Jones, Seal, Alejandro Sanz, Miguel Bosé, Paulina Rubio, Adam Levine y Beto Cuevas, entre muchas otras figuras, han teniendo o tienen la oportunidad de girar sus sillas, expresar un contundente “yo quiero tu voz”, conformar sus equipos y encaminar por el sendero de la fama a un artista en pleno proceso de evolución.

Por lo menos en La Voz Colombia los concursantes salen ya con un haber. El país está pegado a la pantalla, algunos nombres ya son familiares para el público, pero los que hasta ahora han sido anónimos comienzan a ganar terreno debido a su participación, gracias a los comentarios de los entrenadores y por sus características interpretativas.

La primera etapa del programa, en la que Carlos Vives, Andrés Cepeda, Ricardo Montaner y Fanny Lu tenían la misión de escoger a los cantantes para hacerse fuertes como colectivo, y que además es la que determina los lemas del espacio (“Cierra tus ojos, abre tus oídos” y “Las apariencias engañan, la voz no”), logró cautivar al público por el mismo hecho de darle relevancia al canto por encima de elementos tan determinantes en la industria moderna como el look, las capacidades para bailar y el histrionismo sobre el escenario.

Mucho se especuló al sospechar que el eje sería el botón, la silla giratoria y la imposibilidad de los entrenadores de ver a los participantes en un primer momento. Sin embargo, la segunda etapa, caracterizada por las batallas, ha resultado igualmente emotiva. La Voz Colombia sacó del bolsillo los roles de asesores de los entrenadores. Maía (Vives), Gilberto Santa Rosa (Fanny Lu), Amaury Gutiérrez (Cepeda) y Los MR (Montaner) tienen el encargo de colaborar en la formación de los cantantes y han sido piezas fundamentales durante las discusiones en torno a las batallas.

En un round dos artistas de un mismo equipo deben enfrentarse y su entrenador, el mismo que los escogió como parte de su colectivo, que debe decidir quién continúa en carrera y quién debe buscar suerte en otro lado. Momentos de alto contenido emocional se han vivido en el programa, como la despedida de Alejandro Rodríguez, un concursante en estado de discapacidad cuya voz logró conmover a todos los asistentes.

Pero el espacio también ha sido motivo de polémica cuando el público en general, y al parecer los demás entrenadores, daban por sentado el triunfo de Sandra Serrato, quien ya tenía experiencia en escenarios y en televisión, sobre Juan Riveros. Sin embargo, Vives se inclinó por él porque ya lo conocía (había cantado en el restaurante Gaira) y porque Serrato podía estar algunos escalones por encima del resto de los competidores. Los comentarios sobre esta discutida decisión continúan hoy, después de varios días de ocurrida la batalla.

La razón fundamental es que La Voz Colombia llegó a las pantallas a mover a la audiencia desde su punto más sensible: la emoción. Es, como han dicho los cuatro entrenadores, un punto de partida y no la meta para ninguno de sus competidores. El programa está arrancando y cada etapa parece más contundente que la anterior. Por ahora, sus quince días al aire han sido en tono mayor.

‘La Voz’ y la segunda oportunidad

 

Nicolás Emilio ‘Nicoyembe’ Rodríguez, Quibdó (Chocó). 

Es percusionista y cantante y trabaja con el Ballet Nacional de Colombia desde hace casi tres décadas.

Patricia del Valle, Medellín (Antioquia). Durante las décadas de los 80 y 90 su nombre se hizo popular en la radio y en la televisión. Tiene más de una docena de discos grabados.

 

Iván Sánchez. Es productor y cantante. 

Durante varias temporadas estuvo al frente del proyecto Iván y sus Bam Band, grupo destacado a finales de los años 90.

 

Víctor ‘El Guachi’ Meléndez, Cartagena (Bolívar).

Por más de veinte años fue el corista principal de La Verdad, la agrupación que acompañó a Joe Arroyo en sus épocas de mayor esplendor.

 

 

Alejandro Rodríguez, Tuluá

Alejandro Rodríguez fue uno de los primeros eliminados de ‘La Voz Colombia’ y quizá el participante que más ha conmovido a los jurados y, sin duda, al público colombiano. Además de tener una dulce voz, como la describe Andrés Cepeda, este tulueño es discapacitado, algo que más allá de ser en un impedimento se convirtió en una fortaleza. Una de sus pasiones, fuera de la música, es la docencia: enseña música a niños de entre 10 y 12 años, y también, con su ejemplo, que nada es un impedimento cuando, como él mismo dice, se hace con el corazón.

 

 

 

 
 

 

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