Andrés Gómez 3 Nov 2010 - 11:05 pm

CONFESIONES DE UN HINCHA

Protagonista de nuestra tele

Andrés Gómez

Teófilo Gutiérrez tiene todo para ser un crack. Define como pocos, pesca en el área rival, duda de los defensas, cabecea a la perfección, es rápido, hace diagonales y no perdona cuando puede gritar gol.

Por: Andrés Gómez
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Todo parece funcionar bien para un delantero de esos escasos en un mundo donde figuras como él se pagan en euros.

Hace unos meses, Teófilo viajó a Turquía a jugar en el Trabzonsport, un equipo tan difícil de seguir como de pronunciar. Pronto su olfato goleador lo llevó a dejar el banco de suplentes y a ser, lo que es, un goleador.

Hace unos días, sin embargo, Teófilo decidió ingresar a la casa estudio y actuar como protagonista de nuestra tele. El novelón que armó, el drama que generó, explican por qué muchas veces nuestros deportistas, talentosos como ellos solos, fracasan en el exterior.

Teófilo sufre de la cabeza. No del corazón ni de los pulmones. Teo, como le dicen, no se adaptó a Turquía y en un acto de rebeldía abandonó al equipo, y se inventó una excusa que lo cogió en fuera de lugar.

Su estado de salud es bueno. Pero Trabzon no se parece a Barranquilla. Allá, en la arenosa, están sus amigos, sus compadres, sus compinches. En Turquía sólo hay tiempo para jugar y entrenar.

La soledad debe ser dura, la distancia debe ser difícil, el idioma puede ser una barrera, pero si Teófilo quiere de verdad triunfar en el fútbol mundial, y no en el Metropolitano, o en el Romelio Martínez, debe aprender que la diferencia entre el fracaso y el éxito depende de la adaptabilidad, de la madurez y el profesionalismo.

Teófilo debe entender que uno no se vuela, como él se voló. Que uno no sólo es lo que demuestra en la cancha, sino las decisiones que toma fuera de ella.

Nuestra tierra produce talento a montones, pero no los dota con la inteligencia para aprovechar esa capacidad. Hay unos que la fama los acaba, como John Édison Castaño, otros, como El Tigre Castillo cuyos amigos lo derrumban, otros como El Tino, que pudiendo conquistar el mundo se retiran para descansar.

Teófilo es una muestra más de ello. Su capricho le puede costar su futuro. Su rebeldía no es propia de un profesional. La sangre fría con la que define en el área la debería usar para tomar decisiones trascendentales. Esa es su carrera. Esa es la diferencia entre un jugador hecho para conquistar el mundo y un quillero más que la rompe, pero que tiene la cabeza de aserrín. La diferencia entre un tipo goleador y un goleador de talla mundial.

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