8 Dic 2012 - 9:00 pm

Personajes del año

El camaleón

Andrés Parra fue para este diario el actor más destacado del año en Colombia. Una de las directoras de la exitosa serie del Canal Caracol, “Escobar, el patrón del mal”, lo retrata.

Por: Laura Mora
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/Gustavo Torrijos

Andrés Parra nació en Cali hace 35 años, pero se crio en Bogotá y se formó como actor en la exigente escuela del Teatro Libre. Su extraordinaria capacidad camaleónica proviene de ahí, del constante entrenamiento para salirse de sí mismo y encarnar en otro (después de mucho estudio psicológico, gestual, corporal, lingüístico) de una manera tan honda que ya nos confundimos y no sabemos cuál es el original y cuál la copia. Pero a su capacidad de ser otro se unen también sus grandes cualidades humanas cuando es él mismo: no “el patrón del mal”, sino el hombre común y corriente, el compañero, el amigo Andrés Parra. Como codirectora de esta serie de televisión sobre la parábola de Pablo Escobar tuve la suerte de estar en contacto con ambos, con el actor y personaje y con la persona.

Durante el proceso de preproducción de la serie, mientras Carlos Moreno y yo leíamos y releíamos el libro, los testimonios y documentos en que se basa la serie, mientras ajustábamos los libretos originales de Juana Uribe y Camilo Cano, siempre nos invadía la incertidumbre cuando pensábamos en quién iba a ser ese actor perfecto para representar a este personaje tan complejo, que fuese capaz de alejarse de los estereotipos. Tenía que ser un actor que se pareciera a las imágenes de “Se busca” que todos recordamos, pero al mismo tiempo tenía que ser capaz de llevarnos de manera creíble a la profundidad del hombre que puso en jaque a todo un país.

Era tanto el temor nuestro y de los productores, que creo que el tema se evitó más de una vez y en cambio nos dedicábamos a hacer casting y audiciones con otros personajes, cuando sabíamos que con el que más tiempo debíamos trabajar era con el actor protagonista. Pero nada, como suele pasar con las decisiones más importantes de la vida, nosotros seguíamos evadiendo semejante responsabilidad. Se pensó incluso en buscar un actor natural con un gran parecido físico con Escobar, pero todos sabíamos que lo más probable era que alguien así nunca nos podría llevar a los confines de la oscuridad del personaje.

El nombre de Andrés Parra rondaba por ahí. Después de hacer memorables personajes como Jaime Cruz en La Bruja, o Anestesia en El cartel de los sapos, nadie podía cuestionar sus capacidades. Sin embargo, su físico distaba mucho de ser el resultado pasmoso en que se convirtió.

Por extrañezas de la vida fui yo la encargada de hacerle el casting. A pesar de que había otro actor que ya empezaba a sonar más fuerte (y ya había ensayado como Escobar en un par de ocasiones), decidimos echarle a Parra una mirada. Andrés llegó con una actitud de incredulidad cómica. Preguntó que para qué le íbamos a hacer un casting, si finalmente los castings no servían para nada, pues ya los directores y los productores saben de antemano a quién quieren para los papeles principales. Poco sabía él que nosotros estábamos llenos de miedo ante la toma de esa decisión. Andrés continuó con su humor diciéndome que él no servía para Pablo, y que si mucho, como estaba tan gordo, podría servirnos como doble en la escena final de la muerte en el tejado. Pero finalmente accedió a hacer la prueba. La primera parte consistía en hacer una réplica de la famosa entrevista que le hicieron a Escobar tras las acusaciones del cheque de Lara Bonilla. En cuanto empezó, yo quedé de una sola pieza: su forma de hablar, su mirada evasiva, y algo que a mí personalmente me impactó, ese ahogo, y esa lengua pesada que me parecieron siempre tan particulares, por primera vez en todo el proceso de casting estaban ahí, enfrente.

Cuando vimos la grabación junto con Carlos y Juana, a ella no le cupo la menor duda; nos dijo que en nadie había visto ese ser terrible, como en la representación de Parra. La decisión estaba tomada. Y afortunadamente para todos fue una decisión acertada.

A lo largo de los ensayos y de las grabaciones, los directores nos sentimos privilegiados de poder compartir con el ser humano que teníamos enfrente. Parra es un gozón, un apasionado de su oficio, pero ante todo un actor de una generosidad absoluta con quienes comparten la escena con él. Se despoja del ego, sabe que su escena depende de sus compañeros actores, es creativo, sabe escuchar, responder y reaccionar a todo lo que sucede en el entorno. Lo que a mí más me inquietaba era cómo a pesar de que este personaje lo habitara a diario de una manera tan brutal, él sabía separarlo perfectamente. Creo que sólo un par de veces se le subió Pablo a la cabeza. Quizás la más famosa de sus anécdotas fue un día que llegó a grabar con nuestra unidad en Medellín, y no le tenían la fruta picada que le acostumbraban tener para su refrigerio; entonces absolutamente colérico tuvo una discusión bastante dura con Mónica, mi asistente de dirección, a quien él amaba profundamente. Moni, que sabía llevarle las mañas a todos los actores, lo enfrentó, y la discusión iba de mal en peor. Finalmente Andrés se dio cuenta, después de armar el lío más berraco por su bendita fruta picada, que el motivo de su exagerada pelea no tenía ni pies ni cabeza, se disculpó y unos días después, entre risas, confesó que ese había sido un punto de quiebre. Se dio cuenta de que tal vez había unas emociones bien oscuras que a ratos podían apoderarse de él.

También conmigo, muy al inicio del rodaje, hubo una discusión por una escena que a los dos nos parecía absurda. Por más que le buscamos, ninguno de los dos podía creer en ella. El caso es que yo sabía que tenía que hacer esa escena, me gustara o no, pero él insistía en pelear y discutir por algo que no tenía sentido discutir porque finalmente la tendríamos que rodar. Hubo un momento en que la discusión estaba llegando tan lejos, que le dije: “Andrés, bien pueda y dirija la escena entonces como usted quiera”, y me le fui del set. Ese recuerdo nos encanta a los dos; supimos ese día que podíamos tener discusiones y al final reírnos.

Andrés Parra es un excelente conversador; entiende el sistema en el que trabaja y lo utiliza para poder hacer lo que más le gusta: teatro. Lo apasiona tanto que oírlo hablar de él me hizo cogerle afecto a un arte que me cuesta tanto ver y apreciar.

Andrés era el consentido mayor de las chicas de maquillaje, que a diario durante unos largos 50 minutos se dedicaban a ponerle la peluca, esa peluca que en tierra caliente lo ponía a sudar, le sacaba el desespero. Había que tenerle un ventilador en el set y el mal genio se le subía a la cabeza, literalmente, si no había, y ¡ay de que se les olvidara prenderle el ventilador cada que yo cantaba el corte! Es disciplinado para todo, no hubo un solo día en que no llegara con sus escenas preparadas, con ideas para cambiar o mejorar los textos. Atendió siempre mis llamadas de medianoche, sobre todo cuando hacíamos las escenas de la decadencia de Pablo, que eran tan fuertes. Siempre hablábamos hasta tarde pensando conjuntamente en ideas para volver más densa esa etapa que nos encantaba del personaje.

Este personaje le cambió la vida. Aunque no es una persona muy fiestera, Andrés ya no podía salir a la calle, ni a un restaurante, ni montarse a un avión. Su vida privada se limitaba entonces a llegar al hotel, pedir espaguetis, estudiar las escenas del día siguiente y dormir. Él es inteligente hasta para manejar el asedio de la gente; lo hace con gracia y un carisma inmenso. Recuerdo el día que rodamos la muerte de Pablo en el tejado. Había muchísima gente del barrio observando como intentábamos replicar esa imagen casi mitológica del monstruo en el tejado. Al final Andrés se puso de pie y saludó a su público desde el techo; fue una imagen hermosa, porque a pesar de tener el engorde, la barba y la sangre, todo el mundo dejó de ver a Pablo en ese momento y vieron a Andrés. “¡Señor actor!”, le gritaban unos, y lo aplaudieron como si acabara la presentación de una obra de teatro.

La escena de la muerte de Pablo y esos últimos momentos los discutimos durante mucho tiempo. Tratábamos de entender, por la forma donde había caído, cómo y dónde fueron los tiros que lo mataron, con sus tantas versiones. Pudimos acordar una que se acercaba a todas y que podía él lograrlo físicamente de manera similar a esa última imagen de Pablo. Andrés ese día estaba tan comprometido con su escena, que corrió, con el engorde, pesadísimo, quebramos casi 3.000 tejas en el techo y jamás se quejó. Al otro día ¡no le cabía un morado más en todo el cuerpo! Se transformó otra vez: era increíble verlo allí tirado y estar reproduciendo esa imagen que nos acompañará a todos de por vida.

Como actor puso la barra demasiado alta y esto hizo que sus coequiperos se esforzaran al máximo, lo que permitió que en la serie los actores estén a un nivel pocas veces visto en nuestra televisión. Andrés lo consiguió con generosidad, con gozarse cada minuto de su trabajo, con emocionarse hasta el punto de gritar conmovido en el set cuando lográbamos ensayar una escena que escrita no decía mucho y ganaba increíblemente gracias a los cambios y al trabajo de creación en equipo. Después de haber representado con maestría a Pablo Escobar, Andrés Parra seguirá adelante sin que los aplausos, las críticas ni los halagos lo desvelen. Él está protegido porque no se cree el cuento, ni las fotos, ni los artículos, ni la farándula. El único cuento que se cree es el de su trabajo, y en él es impecable.

[Texto editado por Héctor Abad a partir de una narración de la autora].

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pereque43

Dom, 12/09/2012 - 08:04
Andrés Parra ha referido cómo nació en Cali por puro accidente y a los pocos días fue traído a Bogotá donde se crió, estudió y se formó como el primer actor colombiano que sin duda es hoy.Un poco apresurada la crónica, sin embargo vale la pena porque Laura Mora destaca dos momentos en que la tensión del personaje y la intensidad del trabajo lo hicieron discutir con sus compañeros. Se sabe también que Andrés Parra es ejemplo de disciplina y asume con naturalidad el esquema un tanto falso y efímero de la admiración pública. Su enorme versatilidad nos permitirá apreciarlo en un futuro en otro personaje con el sello de su honradez profesional y calidad indiscutible. @RIGUEZ_A
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