Por: Antieditorial

Salud, ética y ser humano

Como columnista médico de El Espectador durante más de 40 años y como presidente de la Academia Nacional de Medicina, coordinador de la Gran Junta Médica nacional, me sorprendió encontrar el editorial en defensa de las pequeñas, transitorias e insuficientes medidas que el Gobierno pretende tomar para “mejorar” la atención a la salud de los colombianos, con decretos parciales que por supuesto no alcanzan a remplazar las leyes que deben desarrollar la Ley Estatutaria del sector –cuya firma y promulgación por el señor presidente de la República estamos, por cierto, esperando todavía— para que los colombianos tengamos de verdad el pleno derecho a la salud que se nos debe reconocer como seres humanos.

Todavía no conozco los textos de tales decretos, firmados en los últimos días del año recién pasado, lo que me recuerda desagradablemente la manera como se introdujo en nuestro país la malhadada y esquizofrénica Ley 100 de 1993; pero de lo que sobre ellos se ha escrito, entiendo que no solo se mantienen sino en cierta forma se fortalecen los sistemas de intermediarios con ánimo de lucro que tan funestos se han mostrado, entregándoles más dinero y ofreciéndoles inclusive siete años de gracia para que traten de corregir lo que reiteradamente vienen haciendo mal.

La Gran Junta Médica, que une a las más destacadas y serias organizaciones profesionales del país, después de estudiar larga y seriamente el panorama de la salud en Colombia, ha dicho reiteradamente que se necesita un cambio sustancial, que vuelva a centrar estas labores en la persona y sus necesidades, en la prevención y promoción de la salud, en la oportuna atención a la enfermedad y la rehabilitación de las secuelas cuando sea necesario, no en los intereses económicos de los llamados “actores del sistema” y mucho menos en el evidente afán de lucro que corroe a la gran mayoría de los intermediarios, afán que se ha concretado en varios episodios de la peor corrupción y el consecuente desvío y desaparición de enormes sumas de dinero que deberían haberse aplicado a la salud pero fueron en cambio a dar a bolsillos de habilidosos particulares. La Ley Estatutaria, en buena hora aprobada tanto por el Congreso como por la Corte Constitucional, es el marco para los cambios indispensables; se necesitan leyes ordinarias que desarrollen aspectos concretos, que hagan desaparecer la intermediación, que vuelvan a enfocarse en la atención primaria sin descuidar la medicina especializada pero sin pretender que ella sola responda por todo; estos cambios no son “embelecos” de ilusos sino verdadera urgencia nacional, cuyo aplazamiento —¡nada menos que por siete años!— significará mantener los largos períodos de espera para una cita o un procedimiento, la negación de servicios contra la cual sirve el mecanismo de la tutela, las “colas” de muchas personas que por horas y horas aguardan turno para que se las atienda, todos esos escollos que hacen sufrir injustamente a miles de compatriotas cada día.

El ejercicio de la medicina, la más intensamente moral de todas las profesiones según sabia afirmación del ilustre colega José Félix Patiño Restrepo, como el de todas las otras profesiones de la salud, no tiene ni puede tener como punto focal la riqueza monetaria, la ganancia financiera para personas naturales o jurídicas; tampoco, aunque parezca laudable, la producción de conocimientos y el avance de la ciencia; el único enfoque de tal ejercicio debe ser la persona, el ser humano y lo que él necesita para tener, mantener e incrementar su salud, así como para enfrentar adecuadamente la enfermedad cuando ésta se presente, disminuyendo la violencia de su ataque, el sufrimiento que produce y las consecuencias, hasta donde ello sea posible en cada momento histórico. Un verdadero sistema moderno de salud para un país debe organizarse teniendo muy en cuenta esta exigencia ética. Colombia necesita, a la brevedad posible, la reforma que le ofrezca como resultado esa clase de sistema de salud.

Los médicos, aglutinados en la Gran Junta Médica, no queremos que se mantenga el actual sistema porque nos duelen nuestros semejantes y sus padecimientos en algo tan fundamental como la salud, sin la cual no hay desarrollo, creación estable de riqueza ni progreso armónico en una sociedad. Al señor presidente de la República y a su ministro de Salud les hemos ofrecido colaborar en la redacción de los proyectos de ley que desarrollen el magnífico espíritu de la Ley Estatutaria; me atrevo a reiterar ese ofrecimiento, con la certeza de que me acompañan todos mis colegas a lo largo y ancho de nuestra geografía. 

* Juan Mendoza Vega

Buscar columnista

Últimas Columnas de Antieditorial