Por: Antieditorial

Sí al 'fracking' responsable en Colombia

Temas antes reservados a especialistas del sector petrolero se toman los titulares reflejando el creciente interés público por una de las principales locomotoras del desarrollo.

Ha sido el caso con el debate sobre la estimulación hidráulica (o fracking) en servicio de la explotación de yacimientos no convencionales.

El desarrollo de los no convencionales ha transformado la industria energética mundial. El caso más diciente es Estados Unidos, país que después de casi dos décadas de dependencia petrolera, se acaba de convertir este año en el principal productor mundial de petróleo y gas, generando más de 2 millones de nuevos empleos e ingresos billonarios para el Estado y las comunidades. Todo gracias a esta tecnología.

Como todo proceso industrial, el fracking tiene riesgos. Entre ellos está una mayor posibilidad de consumo y contaminación de aguas, lo cual ha sido utilizado por algunos respetables grupos de interés internacionales para cuestionar su conveniencia. Con este trasfondo, el Gobierno colombiano decide articular una reglamentación para viabilizar la exploración de estos yacimientos, recibida con críticas por sectores de la opinión no especializados en temas energéticos.

Es fundamental considerar los siguientes puntos que no han recibido adecuada atención en el debate:

1. Los no convencionales tienen incalculable valor estratégico. Estudios oficiales estiman el potencial de reservas no convencionales del país entre 1.000 y 10.000 millones de barriles equivalentes (otros estudios, mucho más). Decirles no a los no convencionales es renunciar prematuramente a un potencial de recursos que en un escenario de éxito podría alcanzar para casi 30 años de producción futura, un lujo que no se puede dar un país que sólo tiene seis años de reservas petroleras y una agenda urgente de equidad social que necesita financiación.

2. La nueva reglamentación se beneficia de las lecciones aprendidas en otros países. Más de un millón de pozos han sido fracturados mundialmente desde 1947. Es amplio el bagaje de conocimiento que se ha acumulado en la industria y en el ámbito regulatorio sobre cómo aplicar esta tecnología y mitigar sus riesgos, particularmente a raíz del boom reciente en los Estados Unidos. Estos aprendizajes fueron capturados en la nueva reglamentación colombiana.

3. Estudios científicos demuestran que los riesgos asociados al proceso son manejables con adecuada reglamentación y con operadores competentes. Es el caso de las alegaciones sobre filtraciones subterráneas, donde un reciente estudio avalado por la Academia Nacional de Ciencia estadounidense concluye que reportes asociados a contaminación de aguas obedecen a problemas puntuales con diseño de pozos ocurridos por regulación insuficiente y no por riesgos inherentes al proceso de facturación.

4. Es falso que el fracking sea una práctica vetada a nivel internacional. Al contrario, es permitida en una abrumadora mayoría de países incluyendo Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, Dinamarca, Brasil, entre otros. En varios de estos países, reconocidos por su conciencia ambiental, se han sostenido rigurosos debates donde el sector, la comunidad científica y académica y las comunidades han concluido que (i) el fracking representa muchos más beneficios que riesgos, (ii) sí se puede hacer de forma responsable y (iii) esto último se logra a través de regulación adecuada.

5. La pregunta, por tanto, no es “si lo hacemos”, sino “cómo lo hacemos”. Entre los principales retos está cómo atraer a los mejores operadores, cómo asegurar la eficiencia y eficacia de los procesos de vigilancia y control, y cómo desarrollar la infraestructura logística requerida para este tipo de desarrollos.
Los no convencionales representan una oportunidad para el país. Debemos enfocar las energías en cómo viabilizar esta oportunidad de forma que se logren los objetivos de desarrollo sostenible que el país persigue. Hay mucho por hacer.

 

*Jaime E. Caballero Uribe

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