Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
En este caso, las cosas habían quedado en la administración Uribe en un nivel de relativa mejora que permitía abrigar cierto optimismo en el fortalecimiento de los lazos fraternos entre Bogotá y Quito. El Florero de Llorente no parecía fácil de restañar, pues se trataba de hallar la cuadratura del círculo tras el ataque a territorio ecuatoriano en el que murió Raúl Reyes y el consecuente rompimiento de relaciones anunciado desde el Palacio de Carondelet. Los ecuatorianos, incluyendo a los opositores al presidente Rafael Correa, cerraron filas en torno al Primer Mandatario ante lo que consideraron, con sobrada razón, como una clara violación de su soberanía territorial. La crisis se agravó con la información que contenía el computador de Reyes y la desconfianza fue tal que pese a los buenos oficios de la OEA y del Centro Carter, no hubo un pronto restablecimiento de las relaciones. Todo esto afectó el muy activo comercio binacional e hizo más incómoda la situación para los connacionales que ya vivían allí, muchos de ellos en condición de refugiados.
Sin embargo, el electo presidente Santos dio prioridad a la mejora de las relaciones con los vecinos. En cumplimiento de esta promesa, en algo más de tres meses desde su llegada al poder, las cosas han dado un giro muy favorable con Caracas, primero, y ahora con Quito. Se debe reconocer que el gobierno anterior logró a finales del año anterior el nombramiento de encargados de negocios, como un primer paso en el sentido correcto. Sin embargo, era esencial que se atendiera la solicitud de entregar toda la información disponible que había en el computador de Reyes, cosa que se hizo el 7 de agosto con la presencia de Correa en Bogotá. De ahí en adelante la confianza se ha ido solidificando sobre pasos medidos y firmes. El resultado obvio fue que los dos presidentes terminaron por anunciar el restablecimiento pleno de relaciones y la pronta designación de embajadores, que deberían estar posesionados antes de Navidad. No puede haber mejor noticia luego del tire y afloje sobre el cual fluctuó la vecindad con el gobierno anterior.
De esta manera, y como lo acotara acertadamente el vicepresidente de Ecuador, Lenin Moreno, se ha hecho “borrón y cuenta nueva”. Pero no sobre la base de meras declaraciones retóricas. Vale la pena citar algunas frases que pronunciaron los dos mandatarios y que dan a entender que el nuevo camino que se comienza a transitar augura un futuro promisorio. En primer lugar, el presidente Correa dijo que “la apertura y transparencia de (Juan Manuel) Santos es digna de destacar”. Por su parte el presidente Santos dijo: “ratificamos una cosa muy elemental, sencilla: nos dijimos con franqueza y confianza que tenemos diferencias”, pero que “cuando se pelean los gobernantes, quienes sufren son los pueblos”. Nada más cierto.
Ahora no sólo hay que aprovechar el buen momento para recuperar el tiempo perdido, sino que hay que redoblar esfuerzos para que la vecindad sea lo más provechosa posible. La declaración de la canciller María Ángela Holguín de ampliar la agenda para fortalecerla, incorporando nuevas temas de cooperación y desarrollo fronterizo, apunta hacia el lugar correcto. Lo que se viene trabajando con Venezuela, Brasil, Perú y Ecuador tiene que profundizarse como elemento indispensable de la buena vecindad. No hay de otra. Sólo de esta manera se podrá lograr que la hermandad con los vecinos se sustente en el respeto mutuo y a través del camino del diálogo.