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Colombia, un ‘paquete chileno'

Si contra Uruguay fue preocupante, lo del miércoles en la capital chilena fue vergonzoso y las dos derrotas consecutivas alejan a la selección de Suráfrica.

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El Espectador
10 de septiembre de 2008 - 08:55 p. m.
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Si Suráfrica parecía un destino posible para Colombia después de las primeras seis jornadas eliminatorias, luego de las dos recientes parecería más fácil viajar a la Luna, aunque allá parece haber estado Jorge Luis Pinto en la última semana, quien si se equivocó en el planteamiento el sábado, el miércoles parece haberlo dejado sólo en el tablero del vestuario visitante del Nacional, porque en la cancha jamás se vio.

Y si en El Campín se habían ido el invicto del torneo premundialista y una opción inmejorable de ampliar la diferencia sobre un rival directo como Uruguay, ayer frente a otro se fueron la vergüenza y el amor propio, esos mismos que se reclamaron después de que la selección se quedó en la primera fase de la Copa América de Venezuela el año pasado.

Sí, lo que parecía un amargo recuerdo, terminó siendo una pesadilla real en Santiago, donde Chile se valió de un par de errores iniciales y uno arbitral (Fuentes marcó en fuera de lugar el tercero) para pasarle por encima al equipo nacional, en el que más de uno en el campo lució tan improvisado como el mismo uniforme con el que se jugó anoche.

Fue la versión más parecida a la distorsionada aquella de mediados de 2007, cuando a la República Bolivariana se llegó con la intención de ser campeón y el regreso a casa fue más rápido de lo imaginado y con demasiadas incertidumbres por resolver.

En ese momento, hasta la continuidad de Jorge Luis Pinto se puso en duda y no tiene por qué ser diferente ahora, después del 4-0 en la capital chilena, donde no hubo planteamiento ni equipo y el entrenador, como directo responsable, debe asumir la derrota y como tal, las consecuencias que ésta debe generar, porque se tocó fondo.

Es cierto, no se esperaba y menos después de un comienzo totalmente diferente a la eliminatoria anterior, pero cuando aún hay opciones matemáticas de sobra, urge el autoanálisis para que a partir de él se pueda revertir la situación en cuestión de semanas, ya que dentro de un mes, Paraguay y Brasil, las dos mejores selecciones del actual torneo premundialista, por si acaso, esperarán por la tricolor.

0-1 en el camerino

Son muchos los aspectos por corregir entonces y se deberá partir de algunos elementales, como la claridad en el cuerpo técnico, porque el caso Freddy Guarín en la antesala del juego ya puso a perder a la selección sin saltar al campo siquiera.

Antes del pitazo de Larrionda, el ambiente estuvo más enrarecido que nunca en el camerino, porque a minutos, tal vez segundos, de saltar al gramado, el mediocampista del Porto no resistió el calentamiento -¿se le descuidó de la sobrecarga que lo tuvo en duda para el juego contra Uruguay?-, lo cual obligó al seleccionador a pensar de nuevo en Carlos Sánchez, que ya iba rumbo al banco visitante del Nacional.

Lo que se había trabajado en los últimos días ni siquiera sobrevivió en la charla técnica, porque sobre la hora se cambió una vez más y la confusión no podía ser la mejor consejera en un equipo que llegó a Santiago en busca de una brújula sin tener identidad.

Ese presagio parecía esfumarse en los primeros minutos cuando ‘La Roja' no llegaba a predios de Julio, aunque tal y como ocurriera en El Campín el sábado, bastó que aparecieran los errores propios para darle vida al rival. Un rechazo que no encontró rebote, Sánchez quedó enganchado, Medel libre de marca centró y Jara apareció para el uno a cero.

Y con el primer golpe, Colombia quedó noqueada porque de ahí en adelante el escaso orden desapareció por completo, se multiplicaron los yerros en el fondo amarillo y en uno de ellos, Suazo encontró un balón sin dueño para aumentar y sentenciar anticipadamente el encuentro, porque ni el descanso impidió la debacle, a la cual aportó Larrionda, quien convalidó un gol de Fuentes en clara posición adelantada.

Pero no por el árbitro uruguayo se perdió. La selección se ahogó en el mar de sus propias equivocaciones y no hay salvavidas a la vista para albergar la esperanza de salir a flote en medio de tantas dudas, contradicciones y señalamientos que lo único que logran es alejarla cada vez más del objetivo mundialista.

El golpe también lo hace, aunque no es tan negativo como el propio entorno que ronda a la selección y prende las alarmas de una eventual tercera eliminación consecutiva, así ni siquiera se haya cerrado la primera ronda de la eliminatoria, a la que Colombia llegó a esta llave invicta, con la valla menos vencida y parcialmente clasificada, pero después de dos horribles presentaciones, ya no queda nada, o mejor sí, sólo preocupaciones y dudas...

Por El Espectador

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