Cultura |20 Mayo 2009 - 10:08 pm
Unidas en la diferencia
Por: Elespectador.com
Tres mujeres de etnias distintas hablan de su cultura, sus tradiciones y sus luchas.
Foto: Diana Sánchez
Dalila Gómez de origen gitano; Rosalba Jiménez líder de la etnia Sikuani, y Ruby Quiñones, líder tumaqueña.Dalila, Ruby y Rosalba comparten espacio de trabajo en el Ministerio de Cultura. Además de ser mujeres y madres, pertenecen a grupos étnicos minoritarios y han dedicado parte de sus vidas a defender los derechos de sus pueblos.
Como un homenaje a sus orígenes y al día que celebra la diferencia cultural se sentaron a compartir tradiciones, ritos y elementos de la cultura que caracterizan a los gitanos o ROM, al pueblo sikuani -nómadas asentados en los Llanos orientales de Colombia y Venezuela- y a la comunidad afrocolombiana en este caso del pacífico radicada en Tumaco (Nariño).
El primer tema que sale a flote es cómo fue el camino al interior de sus comunidades para asumir un rol de liderazgo. “La comunidad gitana es patriarcal y patrilineal. Esto significa la mujer, si bien carga con la responsabilidad de trasmitir cultura y tradiciones, no representa políticamente a su comunidad -cuenta Dalila- así que para mi fue una batalla interna también, además de las dificultades que he enfrentado como gitana”. Sin embargo, hablando su lengua y manteniéndose a lo largo de los años como una defensora de los derechos de los suyos ha logrado el respeto y el reconocimiento de sus congéneres, y lograr que no la consideran una Gallé (es decir una ‘blanca’).
Por su parte, Rosalba cuenta otra historia, pues ella desde niña fue elegida por los sabios para una misión. “En los años 70 mataron a mi familia, una familia de líderes, entonces nuestros sabios me eligieron para que yo conociera la cultura de occidente y pudiera defenderlos. En ese momento no tenía muchos años y contesté que era solo una niña. Tienes la inteligencia y esa serán nuestras armas hoy”. la vida de Rosalba fue, entonces diferente a la de las muchachas de su etnia, pero nunca, a pesar de haber estudiado en Francia y hacer parte del gobierno nacional en diferentes ocasiones, ha dejado de lado “la base” como ella se refiere a su pueblo.
Ruby es maestra, ha liderado la causa de la diáspora afrocolombiana pero también defiende la educación en su tierra. Para ella, el hecho de llevar la responsabilidad de educar que asumen las mujeres negras, le facilitó el camino para ser defensora de las tradiciones culturales en luchas más grandes.
Ellas cuentan cómo el sentido de comunidad y colectividad es muchos más fuertes al interior de sus grupos que entre la gente occidental. Saben que existen muchas diferencias, pero consideran que en el respeto de estas, la cultura occidental encontraría valores y aspectos para aprender o recuperar.
“Cuando alguien muere, en nuestras comunidades, casi que se podría decir que no hace falta la plata para enterrarlo pues todo el mundo aporta algo. Durante los nueve días del velorio hay dos momentos: uno, pagano, en el que se cuentan anécdotas del muerto, y se acompaña a la familia conversando recordando a la persona que se fue, y el otro momento es más espiritual: son los rezos, los alabaos y los rituales religiosos”. Según Ruby, los ancestros muertos acompañan a los vivos en su trasegar, los objetos de la persona que se fue permanecen en la familia como tesoros.
“Nosotros los gitanos, también somos muy solidarios. Pero a la hora de la muerte, nadie puede pagar el velorio, sino los familiares del deudo. Se hace la Pomana, una cena para despedir a la persona y vienen todos los miembros de la comunidad, pero de eso nada se guarda, ni se guardan las pertenencias de la persona que fallece, porque se considera que trae mal agüero”. Algo parecido sucede a los sikuanis que en muchas ocasiones se cambian de territorio para dejar atrás al muerto. Al fin y al cabo estos dos pueblos son nómadas.
Las tres mujeres hacen la lista de las personas con quienes comparten su casa, y no son menos de 10. “cuando uno se casa, no se casa con un hombre sino con toda su familia y su comunidad”, al decir esto Ruby, Dalila y Rosalba se mueren de la risa. Cada una tiene una historia para contar al respecto. La gitana vive con 17 personas en una misma casa en Bogotá, y eso para ellos es la normalidad. Rosalba cuenta cómo cuando se casó con un indígena de origen Currapaco, se casó en realidad con toda su comunidad y ellos confían en ella como una líder que también los representa.
“La otra creencia de los afros es que el hombre hace parte de la naturaleza. Nuestros ritos, como el ombligao, (quiere decir curar el ombligo de los niños con plantas que les darán propiedades especiales cuando adultos) buscan armonizar las fuerzas de la naturaleza con nuestros destinos. Así si uno quiere que su hijo tenga riqueza y prosperidad se ombliga con plata u oro; si quiere que tenga éxito con las mujeres o viceversa, lo ombliga con plantas para el ‘quereme’”.
En ese momento Rosalba y Dalila asienten, pues también en sus tradiciones el hombre está en medio de la naturaleza y no sobre ella. Rosalba habla de cómo su pueblo, que vive a orillas de los ríos, hace sus votos a los peces y otros seres del agua, pues son sagrados para ellos.
Las mujeres siguen hablando de cómo son las cosas cotidianas para cada una. Por ejemplo, los ritos mediante los cuales preparan a las jovencitas sikuani para el matrimonio: enseñándoles a trabajar la tierra, a cocinar y a preparar la casa, pues la belleza femenina está en la destreza y la diligencia que una muchacha tenga para los quehaceres, además de un hermoso cabello largo y senos pequeños. Para eso a las niñas púberes les cubren los senos con nidos de colibrí que ayudan a dar la forma y el tamaño ideal.
Algo parecido sucede con la belleza gitana, que resalta las mujeres de cabellos largos y senos grandes pero sobre todo mujeres honestas que respetan los valores y las tradiciones de su casta.
Por su parte, las mamás y las comadronas negras, embellecen a sus niñitas masajeándolas con piedras que ponen al sereno para que sus cuerpos y sus genitales sean moldeados. Sin embargo, se queja Ruby, la cultura hegemónica impulsa otros cánones de belleza y otros valores. “Ahora pretenden que las negras dejémos de ser curvilíneas y rellenitas, cuando a nuestros hombres eso siempre les gustó” Por eso, al final de la charla, Ruby interpela afirmando categóricamente “no queremos integrarnos porque así lo nuestro desaparece, queremos respetarnos y relacionarnos en igualdad de condiciones”, sus dos compañeras de diálogo asienten, mientras vuelven a esos pequeños detalles que las hacen únicas, diferentes y tan parecidas.
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Mie, 04/13/2011 - 15:23
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