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Nuevas élites intelectuales

HAY QUIENES MIDEN EL DESArrollo de un país de acuerdo con el acceso que tienen los ciudadanos a servicios como salud, educación, empleo y agua potable.

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El Espectador
25 de junio de 2009 - 11:00 p. m.
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Otros, más exigentes, lo circunscriben al ingreso per cápita y los índices de desarrollo humano, calidad de vida y libertad económica. Pero las 52.838 personas que entre 2002 y 2006 recibieron su doctorado en Brasil, tras cinco o más años de estudios que le siguen muchas veces al posgrado, es otra medida básica para determinar el nivel de desarrollo alcanzado por un país como ese. Colombia, que en estas lides se encuentra muy por debajo de países como Chile, Argentina, México y evidentemente Brasil, en el mismo período no pasó de los 352 doctores graduados en programas nacionales.

Ante tan desmotivante escenario no puede más que celebrarse el nuevo impulso que desde Colciencias —ahora conocido como el Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación— se le dará a la formación de investigadores que construyan ciencia y tecnología para el país en los planteles colombianos y en las mejores universidades del mundo. El reciente lanzamiento del programa Generación del Bicentenario y dentro de este, el Francisco José Caldas, destinado a la formación doctoral, son una prueba fehaciente de la transformación que se vive en Colciencias y del interés gubernamental —nunca es tarde— en fomentar y darles apoyo a la educación superior y la investigación.

Para quienes no sin razón critican la mitificación global a la que se asiste frente a los doctorados y la preparación de personas cuyos títulos finales no le resultan de mayor utilidad al país y sus necesidades, Colciencias ha diseñado un plan de prioridades en el que se favorecerán las áreas de la identificación y el uso sostenible de la biodiversidad, el aprovechamiento y preservación de recursos hídricos, el desarrollo de la electrónica y los materiales, de las ciencias de la salud y los estudios sociales colombianos. Los campos considerados, es obvio, son diversos y bastante amplios, pero también lo son nuestras insuficiencias en el plano educativo.

Si en Chile la proporción de personas que al año logran el anhelado nivel educativo es de 15 por cada millón de habitantes, en Colombia es de tan sólo 1,8. De cumplirse las intenciones de Colciencias, si el número de personas que se benefician de una beca para adelantar estudios de doctorado pasa de 200 a 500 y en una década se forman 3.000 doctores, por muy atrasados que estemos frente a otros países del tercer mundo —y ya no digamos del primero, en donde la inversión en investigación, ciencia y tecnología es la piedra angular de la educación superior—, Colombia habrá dado un paso en la senda correcta hacia el desarrollo.

Y ello en razón a la odiosa dependencia de la que somos cautivos en lo que tiene que ver con el consumo de ciencia y tecnología: la importamos cara y faltamos a la posibilidad de fomentar procesos de innovación tecnológica. Procesos que no se dan silvestres bajo la iniciativa de un genio incomprendido que habría de descubrir, sin los recursos ni equipos necesarios, la vacuna que nos librará de la próxima pandemia. De ninguna manera: hacer ciencia requiere tiempo, dinero y dedicación.

Por lo demás, invertir en investigación y en formación de doctores, en el largo plazo habrá de elevar el nivel educativo general de la población. Puede que 3.000 doctores de más no parezcan un gran avance, pero si se lo mira a la luz del reducido tamaño de nuestras élites intelectuales, otra será la reacción.

Por El Espectador

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