Editorial |28 Jun 2009 - 8:00 pm
Uribe y Obama: cara a cara
Por: Elespectador.com
SI EN SU ÚLTIMA VISITA A LA CASA BLANca el presidente Álvaro Uribe entró por la puerta grande y recibió una medalla de parte del saliente mandatario, George W. Bush, por su compromiso con la democracia, la libertad y el Estado de Derecho, el encuentro que tendrá el día de hoy con su homólogo Barack Obama con seguridad transcurrirá entre menos afecto y más pragmatismo.
Para nadie es un secreto que algunos temas puntuales y en muchos casos considerados escandalosos se encuentran en la mira del Congreso estadounidense, de mayorías demócratas y entre cuyos miembros se encuentran los principales opositores a la aprobación del TLC. Las ejecuciones extrajudiciales recién analizadas por el relator de la ONU y el espionaje a magistrados, líderes de la oposición y periodistas harían pensar que este no es el mejor momento para entablar la primera reunión oficial entre los dos mandatarios.
Pese a que Obama ha sido insistente frente a su deseo de no intervenir en los asuntos internos de los países, a muchos preocupa el deseo del presidente Uribe en hacerse reelegir por segunda ocasión consecutiva. Sendos editoriales de la prensa estadounidense así lo han manifestado y es posible que el tema, de manera indirecta, sea abordado en el encuentro o determine en algo la agenda en construcción. Como bien lo recordó el periódico digital La Silla Vacía por estos días, al Jefe de Estado colombiano le reconocen sus logros pero, de insistir en la reelección, se le compará con Hugo Chávez, de quien se sabe ha hecho todo tipo de maromas y reformas a la Constitución para mantenerse en el poder.
Es así como The Washington Post opinó en reciente editorial que Uribe debería retirarse del poder tan pronto termine su segundo mandato, para así fortalecer las instituciones democráticas. The New York Times, a su vez, escribió que la región “no necesita más caudillos —por populares que sean o indispensables que se consideren ellos mismos—”. Comentario parecido hizo The Miami Herald al escribir que “en vez de ser visto como el héroe que devolvió a Colombia del borde del caos, será visto como un político agobiado por el ego que busca la gratificación personal”. La revista Time, en igual dirección, publicó que “si el esfuerzo (de permitir una segunda reelección) es exitoso, podría dañar el impresionante legado de Uribe”. Y otro tanto se pudo leer en The Economist, para el cual “más que un caudillo plebiscitario como Hugo Chávez de Venezuela o Alberto Fujimori de Perú, Colombia necesita instituciones democráticas”.
Con todo, Uribe es ahora el tercer presidente suramericano en ser invitado a la Casa Blanca. Después del brasileño Lula Da Silva y Michelle Bachelet, de Chile, la atención se centra en Colombia, socio estratégico en la lucha contra el narcotráfico. El paquete de ayuda de US$520 millones recién aprobado, cuando los más opositores hablaban de su desmonte total, así lo confirman. Otros temas de no menos importancia, como el nuevo tratado de extradición que está en mora de discutirse, la posibilidad de acodar políticas conjuntas de producción de energías limpias y el traslado de la no tan bienvenida base militar de Manta (Ecuador), sugieren que Colombia seguirá en la mira de la política exterior norteamericana.
El TLC, del que Obama renegó durante campaña para después manifestar su interés en una futura aprobación, ciertamente ante la crisis económica que vive el mundo y en señal de rechazo al proteccionismo, será parte importante de la discusión. Pese a la oposición de la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, de algunas ONG y la carta enviada por Human Rights Watch a Obama en la que insiste en que no mantenga el apoyo irrestricto que recibió el Gobierno colombiano de parte de la administración Bush e insta a que se condicione el apoyo de su gobierno a las condiciones de las que gozan los trabajadores y sindicalistas a la hora de ejercer sus labores “sin temor a ser asesinados”, el tema no pasará inadvertido.
Más allá de que las cifras no le sean del todo desfavorables al gobierno Uribe, y de que en consecuencia pueda demostrarse que el número de asesinatos de sindicalistas y de homicidios totales en Colombia disminuye de manera sostenida, al tiempo que el número de homicidios de sindicalistas cae más rápido que el número de homicidios totales, el interés en el TLC de parte de Obama es también una prueba de lo poco ideológica, y más bien pragmática, que será en adelante la relación Estados Unidos-Colombia.
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