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Cuerpos con vida

EN LA EXPOSICIÓN BODIES, UNA VEZ más, el arte y la ciencia se unen para transgredir fronteras morales y sugerir, de pasada, que la donación del cuerpo humano no sólo está al servicio de salvar vidas.

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El Espectador
21 de noviembre de 2009 - 12:51 a. m.
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La exposición, que consta de 12 cuerpos humanos y más de 200 órganos tratados a partir del método de plastinación, creado por el artista y científico Gunther von Hagens en la década de los setenta, estará en Medellín hasta finales de diciembre y en Bogotá a partir del 30 de enero. También se podrá ver en Cali.

Se trata de una muestra de cuerpos en posiciones naturales que cualquier persona adopta en un día normal. Quien la visite podrá observar cómo funcionan los sistemas esquelético, muscular, nervioso, respiratorio, digestivo, circulatorio, reproductivo y urinario. Tendrá acceso directo a comparaciones entre pulmones sanos y aquellos que han sufrido los efectos del cigarrillo y experimentará de cerca el impacto en los órganos derivado del sobrepeso o la ausencia de ejercicio físico.

La exposición está precedida de polémicas y ataques. Hay quienes se han opuesto a su apertura por considerarle “morbosa”. Otros critican el que se desee comercializar cadáveres con un ánimo de lucro que riñe por completo con el respeto que exigiría la muerte. Cuerpos que en vida pudieron ser víctimas de ejecuciones chinas, según lo denunciaron activistas de derechos humanos franceses que forzaron a la justicia a detener la “indecente” exposición.

Aunque la duda frente al pasado de algunos de los cuerpos exhibidos nunca se saldó correctamente, por otros motivos y en otros países también generó reacciones. “Esta exposición enseña qué fácil es deshumanizar a los demás”, sostuvo Elaine Catz, tras renunciar a su trabajo de 11 años en el museo Carnegie Science Center tan pronto la exposición se asentó en la ciudad de Pittsburgh. Venezuela, otro de los países que vetaron su instalación, llevó al extremo una anomalía aduanera para privar a los ciudadanos de su estreno en los museos. El presidente Hugo Chávez la calificó de “bárbara” y “macabra” y atribuyó su existencia a “la inmensa descomposición moral que sacude al planeta”.

Con todo, son muchas la personas que donan su cuerpo a la ciencia y el arte. Actualmente en Colombia, de acuerdo con la Red Nacional de Trasplantes, existen aproximadamente 3.000 pacientes que esperan un órgano para que les sea trasplantado. El 15% son niños y cerca de la mitad de los interesados fallece antes de tener acceso al órgano requerido. Una sola persona, según la misma entidad, puede salvar a 55 pacientes con trasplantes de órganos como piel, riñones y córnea.

Si bien la decisión de donar el cuerpo y todos sus órganos para salvar vidas es una elección normalmente aceptada por un alto porcentaje de la población mundial —salvo en casos particulares en los que por cuestiones de tipo religioso no es permitido—, la posibilidad de ofrecerlo para fines artísticos es igual de válida. Y ciertamente no menos humana, aunque sí más cuestionada. De ahí lo irreverente de la reflexión a la que se nos invita con esta exposición a la que se asiste, además, con fines pedagógicos.

Cómo vivimos y qué tipo de cuerpo queremos son preguntas a las que todo el que acuda a Bodies quizá pueda encontrarles alguna respuesta. Son más de 15 millones las personas que alrededor del mundo ya lo han hecho. Y prometen ser muchas más. No es, pues, una impresionante muestra de cuerpos sin vida la que viene a profanar la muerte. Es el cuerpo humano en toda su expresión el que se nos exhibe para sugerir vida.

Por El Espectador

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