20 Dic 2012 - 10:00 pm

Acerca del proyecto 100 colombianos

Los embajadores no oficiales

Un homenaje a personajes que viven en el exterior y que se desempeñan en campos como el arte y la ciencia.

Por: Adriana Marín Urrego
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Mario Navarrete Niño, ceramista. / Fotos: Cortesía

Mario Navarrete Niño es un colombiano —uno de muchos— que salió de Colombia buscando un futuro mejor. Le tocó vivir una vida difícil hasta que salió adelante y alcanzó los méritos necesarios para que su perfil apareciera en la publicación 100 Colombianos. ¿Cómo lo logró? No fue él directamente. No quien pidió aparecer ahí, por lo menos. Lo postularon miles de personas que lo conocieron, que lo conocen, que saben cuál es su trabajo y el impacto que tiene en una ciudad como Florencia, Italia.

100 colombianos es un proyecto que nació con la idea de hacer un homenaje a los colombianos que viven en el exterior. Sucedió gracias a Verónica Durán y a Lina Echeverry. Ellas, que viven en Madrid y que han realizado proyectos con emigrantes de todo el mundo, se la jugaron para reconocer (reconocerse y reconocernos a partir de) las figuras de otras personas, que han hecho cosas importantes en países extranjeros, pero que acá no se nombran. “Nos dimos cuenta de que hay colombianos excelentes, que son los mejores en su campo y que a muchos de ellos no los conocen”.

¿Si ya habían hecho proyectos con el nombre de 100 latinos, por qué no apostarle a los colombianos? Vinieron a la Presidencia de la República con el proyecto y, allí, les encantó. Entonces se pusieron a trabajar. Hicieron toda una investigación en consulados, embajadas y en universidades del país, preguntando sobre sus egresados. Sin embargo, la mayoría de información la consiguieron gracias al aporte de muchos otros que entraron a 100latinos.com y postularon a alguien que, creían, podía ser un colombiano a homenajear. De ahí se hizo un listado de 1.000, que se redujo a 300 y que, luego de pasar por un comité, quedó en 100. A esos 100, los entrevistaron y les tomaron fotografías; escribieron sus historias de vida. De ahí salió un libro y una exposición.

En ambos aparece Navarrete, con los brazos cruzados y su pincel en la mano. “Aquí escribieron que yo soy ceramista. Efectivamente, yo soy un maestro en cerámica, pero mi profesión es la especialidad del mosaico en piedras preciosas”. Eso dice, señalando su foto en la exposición que hicieron en su honor, y en el de 99 personas más, fuera de la sala de emigración del aeropuerto internacional El Dorado. Y se siente orgulloso de sí mismo, por haber luchado lo que luchó y por haber llegado ahí, no a un libro y a una pared, sino a la construcción de una vida —su vida— paso a paso, sin desesperarse, sin rendirse, cumpliendo con los objetivos que le iba marcando el camino. No se dejó ganar por la pobreza ni por la incomprensión de su familia. Lo que quería, a los 13 años, cuando se escapó de su casa, era estudiar bellas artes, como fuera. Y eso hizo. Llegó a Europa por sus propios medios y, después de limpiar pisos y de dormir en un cuarto de escobas, pudo graduarse de la academia y entrar como observador a un estudio de mosaico florentino. Allí, además del oficio, aprendió sobre la dinámica de los estudios de arte italianos, algo de lo que no muchos colombianos han podido entender desde adentro: “Son como en el renacimiento. Exactamente igual. Está el director y detrás están las personas de organizar el estudio. Uno tiene que aprender dibujo, escultura, pintura, mosaico, cerámica. Uno aprende hasta a cantar”.

Este proyecto muestra muchas vidas como las de Mario Navarrete. Reconoce a los personajes, es cierto, muy merecido lo tienen. Pero también nos da la posibilidad de pensar en nosotros, los colombianos que seguimos acá, con vidas disímiles. Con sueños, algunos. Muestra la realidad con una cara y un nombre, la posibilidad de conocer, a grandes rasgos, cómo puede ser la vida de un colombiano en un país que no es el suyo. Aterriza, para muchos, el famoso “sueño americano (¿europeo?)”, pero también devuelve —un poco— la esperanza que tantas veces se pierde. Revive la idea de que sí se puede, acá o en el extranjero. Se puede.

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