Por: Álvaro Forero Tascón

Colombia, ¿con liderazgo internacional?

JUAN MANUEL SANTOS HA HABLADO de construir una política exterior ambiciosa, para que Colombia ejerza un verdadero liderazgo internacional. Pero, ¿es posible construir una política exterior para pasar de país problema a actor relevante en el escenario internacional?

En ocasiones la calidad de la diplomacia de un país ha permitido que consiga una influencia internacional superior a su relevancia real, pero generalmente aquella es proporcional a su importancia inherente para impactar los temas relevantes de la agenda internacional. En el único tema en que Colombia tiene una importancia estratégica para el mundo es en el de las drogas ilícitas. Por ser el primer productor mundial de cocaína, uno importante de heroína, y porque el mundo es testigo del drama que ha representado el narcotráfico para nuestro país.

Y es posible que estemos ante una coyuntura histórica favorable para que un gobierno audaz en materia internacional, como parece será el de Santos, traduzca el sufrimiento y los esfuerzos de Colombia en materia de guerra contra las drogas, en el instrumento de un nuevo liderazgo internacional. Pero el liderazgo requiere de una visión. Esa visión está a la mano. Asistí hace unos meses a una mesa redonda en el Congreso estadounidense denominada “Repensando la guerra contra las drogas”, realizada por la Fundación Alvaralice de Colombia y el Diálogo Interamericano, con el apoyo de la fundación Soros. Asistieron expertos sobre el tema, congresistas y funcionarios.

La conclusión abrumadora es que el paradigma que ha imperado durante los últimos veinte años —el de la prohibición total de las drogas— tendrá que dar paso a uno nuevo. Uno que ya es la política oficial de más de 30 países, e inatajable ante la comprobación de que no son posibles las democracias libres de drogas: la reducción del daño que producen los estupefacientes.

El argumento contra intentar una mejor política antidrogas ha sido que el mundo, y especialmente los Estados Unidos, no lo tolerarían. Esa tesis está devaluándose rápidamente. El Zar de las drogas y el Departamento de Estado de los Estados Unidos han empezado a utilizar las palabras “reducción del daño”. Los expertos sostienen que no se ha llegado al punto de quiebre, al “tipping point”, por ausencia de liderazgos. Las potencias tienen la cabeza metida en la arena, y no se están haciendo los estudios ni las discusiones que permitan estructurar una política global que facilite venderla en el interior de los países más conservadores.

Algún Estado tiene que tomar la iniciativa de invitar a sus contrapartes a enfrentar el fracaso del modelo prohibicionista. No proponiendo la legalización de la droga, sino la urgencia moral, económica y política de construir conjuntamente una política efectiva. Nadie mejor que Colombia, y un presidente con credenciales de cooperación con Estados Unidos en lucha contra las drogas, como Santos. Bien planteada, la iniciativa recibiría un cerrado apoyo latinoamericano —un continente en que los países están cayendo como fichas de dominó— lo que le daría a Colombia un utilísimo liderazgo mundial. Ya los ex presidentes latinoamericanos, Gaviria, Cardozo y Zedillo, mostraron el camino. Basta con tomar la posta y llevarla a los escenarios estatales.

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