Por: Patricia Lara Salive

Cultura contra las balas

ESA ES UNA DE LAS PRINCIPALES apuestas del alcalde de Medellín, Alonso Salazar, escritor que enfrenta el más difícil de los retos: controlar a las mafias que de modo imperdonable usan a los jóvenes para que maten y expandan sus territorios, y que pretendieron quitárselo de encima acusándolo de infamias de las cuales Salazar salió absuelto y con la frente en alto.

Contagiar de cultura a los sectores populares es el sueño del Alcalde. Pero, así lo ha dicho él, lógicamente acompañando el proceso de una Policía eficaz y de una justicia que funcione, no que con cualquier disculpa libere a los delincuentes capturados en flagrancia, como a menudo ha ocurrido en la ciudad. (¿Pero cómo puede sorprender que así suceda, si quien hasta hace unos meses dirigía la Fiscalía allá, era hermano de ministro y está siendo procesado por trabajar para los capos?).

A la tarea de oponer la cultura a las balas, obedece la presencia de Juanes, quien ha conversado con los jóvenes de la Comuna 13; les ha averiguado a los integrantes de los combos la causa que los lleva a matar; y les ha ofrecido un gran concierto en el que la muerte y el miedo han dado paso a la música y a la paz. Y a ese propósito obedece, también, la edición masiva de Ética para Amador y la presencia entre los jóvenes de Medellín de su autor, el escritor español, Fernando Savater. Y con esa meta tuve el privilegio de contribuir, durante la pasada Fiesta del Libro, al hablarles a centenares de jóvenes de los barrios populares, miembros de los clubes de lectura, de la red de bibliotecas y de la red de escritores escolares, de una novela que cuenta la historia de una niña que ingresa a la guerrilla para huir del maltrato familiar, como casi siempre ocurre, sin percatarse de que, al hacerlo, inconscientemente busca caer en un maltrato mayor; al igual que le sucede cuando abandona la insurgencia, se encuentra con un paramilitar e inicia con él un romance que la lleva a la muerte.

Fue muy interesante escuchar al adolescente Duvián Hincapié decir que su barrio, el Campo Valdés, tiene dos caras: la bonita, la de los que viven bajo los valores de los antepasados, y la otra, que derrumba a la primera, y que es la de los conflictos que comienzan en el hogar y terminan con la huida de la casa y el ingreso a las bandas. Y fue muy impactante saber, por el profesor Elkin Velásquez, que sus estudiantes de once grado de la Institución Educativa Aures, no asistieron al encuentro porque a esa hora —el anochecer— no les es permitido cruzar la frontera que en su barrio trazan los combos, pero que todos están escribiendo finales distintos de la misma novela, porque no se conforman con que esa historia de amor acabe en tragedia. Y fue muy importante hacerles ver que si crecen acostumbrados al maltrato, tienen que tener cuidado al elegir los caminos, porque es probable que el inconsciente los traicione, como le pasa a la protagonista del libro, y su elección los conduzca a un maltrato mayor. Y fue muy doloroso escuchar la canción de Carol Eduardo Aguirre que grita que “hoy es lo mismo que ayer, un día sin mañana”.

Sin embargo, es probable que, si Medellín sigue fomentando en los adolescentes la creación literaria y artística, y si logra que marchen la Policía y la justicia, los jóvenes sientan que hoy no es lo mismo que ayer, porque hoy tiene mañana.

¡Adelante!, pues, en la tarea: cultura, en vez de balas...

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