Por: Juan David Correa Ulloa

Los medios y LIJ

Jairo Buitrago y Rafael Yockteng aparecen en la lista IBBY (Organización Internacional para el Libro Juvenil, por la sigla inglesa de International Board on Books for Young People) a los mejores libros de la Literatura Infantil y Juvenil de este año.

Claudia Rueda vende sus libros con ilustraciones y una poética de autor digna de comentarse. Ivar Da Coll lleva años haciendo y vendiendo sus Chiguiros, un personaje que es de la entraña de la LIJ (Literatura Infantil Juvenil). María Osorio edita libros de primera calidad con Babel. Norma produce cientos de libros que se venden por montones en una de las pocas colecciones de la historia del país —editorial, se entiende— que a pesar del paso del tiempo, sigue conservando su sello inconfundible como Torre de papel. También, desde hace unos años, editan libros sobre la promoción de la lectura, en su colección Catalejo, como lo hacen fundaciones notables como Fundalectura, que además tiene un programa con la primera infancia y los bebés para promover la lectura desde que nacemos.

Por lo menos un investigador colombiano en los últimos cinco años ha viajado a la Jugendbibliothek, algo así como el santuario de los libros infantiles, ubicada en Munich, Alemania, a hacer investigaciones sobre álbumes para bebés. Yolanda Reyes insiste desde su librería y centro de educación Espantapájaros que la lectura se hace con libros buenos. Hay títulos de autores de literatura “adulta” que se venden mucho más que las novelas que ganan premios. Evelio Rosero, célebre hoy por su imprescindible y bella novela Los ejércitos, era, para el mundo de la LIJ, un autor serio y respetado. Ganó el Premio Norma-Fundalectura, hace años, con una novela sobre la educación que deberían leer todos los maestros. Se llama Cuchilla.

Los fines de semana, las Bibliotecas de BibloRed abren sus salas de lectura para niños y están casi siempre mucho más llenas que las salas para adultos. En Colombia se realizan simposios nacionales sobre Literatura Infantil, se piensa el asunto desde lo estatal, se dan recursos para construir colecciones con libros de calidad, aunque se discuta cuántos y cómo se hace.

Hay gente que lleva años pensando, escribiendo, produciendo, ilustrando… Hoy, una generación entre los 20 y los 30 años ha comenzado a tomarse en serio el asunto de la LIJ. Todo este mes se han realizado coloquios sobre el tema, encuentros con autores, ilustradores y editores que han venido invitados de Alemania, México y Venezuela, cuando menos. Por eso, salvo un artículo publicado hace dos días en este diario y una columna de Yolanda Reyes en El Tiempo hace unos días, sorprende que los medios sigan mirando para otro lado. Ni siquiera los impresos han registrado —como se debe— este mes en el cual se aúnan esfuerzos desde la Cámara del Libro, las librerías, los autores y los editores para promover la lectura.

Así que uno se pregunta: si no hay medios interesados en los lectores más pequeños y quienes median su lectura, ¿cuáles son los lectores que esperan tener los medios escritos en el futuro?

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