Panamá interviene en la justicia de Colombia

Nunca existieron quejas de María del Pilar Hurtado, ex directora del DAS, sobre las garantías legales y de seguridad personal de que gozaba mientras era investigada por el uso criminal del servicio de inteligencia, bajo su administración, contra el Poder Judicial y la oposición política.

Siendo Hurtado una uribista, trabajando para un gobierno uribista y nombrada directamente por el mismo Uribe, es absurdo, desde todo ángulo, que sea ella quien culpe al gobierno uribista de ser incapaz de garantizar su seguridad y sus derechos ante la ley y la Corte Suprema de Justicia.

Es asombroso que Hurtado no proteste ante el gobierno de Panamá, cuando la argumentación oficial de éste es humillante para un gobierno uribista y para Colombia. Si Panamá no confía en Colombia ni en su gobierno para la seguridad de Hurtado, significa que está confirmando internacionalmente la desconfianza que por años la comunidad internacional ha tenido sobre Colombia.

No sólo queda el gran repudio por el egoísmo de Hurtado, sino también queda sobre la mesa la pregunta ¿qué temor tan poderoso pudo tener el ex presidente Uribe para sugerir una acción tan denigrante para Colombia como la que él le sugirió a Hurtado?

La sugerencia del ex presidente Uribe atenta contra su propio estandarte de la Seguridad Democrática. El asilo a Hurtado corrobora los reclamos de periodistas, líderes sindicales y políticos de la oposición en su clamor de que en Colombia no hay garantías para sus derechos ni para el respeto de su vida.

Ahora esos reclamos han ganado una nueva validez. Si un alto mando del gobierno uribista nombrada por el mismo Uribe acepta el argumento del gobierno de Panamá de que Colombia no puede garantizarle su seguridad, ¿qué seguridad han tenido quienes están fuera de ese círculo y que el mismo Uribe, fuerza centrípeta del DAS, ha calificado de sus enemigos?

Varios miembros de la Corte Suprema de Justicia han sido víctimas de las chuzadas y legal y lógicamente tienen que ver, de acuerdo con la ley penal, que el ahora incriminado victimario pide y recibe asilo. Es un sinsentido. Nadie ha dado una orden de captura contra Hurtado, tampoco nadie restringió ninguna de sus libertades, incluyendo la de movimiento; nadie la amenazó de muerte y sin tener ningún cargo en su contra decide asilarse en Panamá por sugerencia de Uribe, su antiguo jefe. No existe ninguna razón para que Hurtado salga a pedir asilo en ningún país y menos con argumentos tan falsos y dañinos contra la nación como los que ella cínicamente arguyó.

 

 José María Rodríguez González. Bogotá.

 

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