Por: Andrés Hoyos

Twitter

NICHOLAS NEGROPONTE, EL GURÚ despistado que hace décadas empezó a decir que los libros de papel van a desaparecer, sin que el universo se haya dignado hacerle caso hasta ahora, cree que Twitter clavará el pico pronto.

Él considera más útil el aburrido Facebook, donde abundan las fotos mentirosas y el exhibicionismo primario. “En Twitter se pierde mucho tiempo”, dice en tono de descubrimiento, como si viendo televisión, jugando al billar, hablando con la suegra o esquiando en la nieve no se perdiera mucho tiempo. La vida también está hecha de eso, de tiempos más o menos perdidos. Tan sólo los flagelantes viven en trance de seriedad perpetua.

Pero aceptemos, en gracia de la discusión, que Twitter sea una pérdida de tiempo, a lo que yo agregaría que su virtud es que desplaza otras formas de pérdida de tiempo menos evidentes y más aburridas. No sé, porque el futurismo me parece una actividad casi cómica, si Twitter va a desaparecer pasado mañana, pero de algo no me cabe la menor duda: está pasando por su cuarto de hora.

Los críticos se han puesto cáusticos justamente a causa del éxito del insidioso pajarito. Dice María Elvira Bonilla, por ejemplo, que algunas personas trinan para anunciar que se acabó el Milo en la casa. Y es cierto, el medio induce a un cierto autismo, pues lo que uno escribe se va hundiendo hacia el pasado de una forma tan vertiginosa, que por el hueco caben varias latas de Milo. En Twitter lo que alguien escribió hace quince días es muy dispendioso de encontrar. Al mismo tiempo, bailar en una baldosa de 140 caracteres sin hacerse un ocho tiene su gracia. Los griegos, siempre tan certeros en materias verbales, inventaron para eso una palabra que ha corrido con suerte: aphorismós.

Twitter es, en efecto, un torneo de frases breves cuya inmensa mayoría oscila entre la tontería, el narcisismo y la inconsecuencia. Pero también se dan los aforismos. Por lo tanto, no se necesita ser una lumbrera para descubrir que allí es aceptado y aceptable ganar indulgencias con avemarías ajenas. La gran mayoría de la gente nunca ha leído a los grandes aforistas, Lichtenberg, Stanislaw Jerzy Lec o Millôr Fernandes, de modo que basta con poner un par de comillas para aclarar que se trata de un robo y agregar el nombre del autor por elemental decoro. Las otras dos formas de robo aceptadas en Twitter son el retweet, o sea, el reenvío, y la sugerencia comentada de enlaces. De hecho, la única verdadera medalla que a uno le dan es la ocasional réplica de sus envíos.

Twitter, como el béisbol, es un juego de números. ¿Cuántos “seguidores” tienes y con cuántos trinos los lograste? Las marcas, individuales o institucionales, cuentan mucho a la hora de mejorar el promedio de bateo. Shakira, para dar un ejemplo, acumula 3,5 millones de seguidores, pese a que de aforista tiene lo que yo tengo de joyero.

Eric Schmidt, el presidente de Google, quiso burlarse de Twitter llamándolo “el correo electrónico de los pobres”. De ser así, los pobres andan envalentonados trinando de lo lindo. Lo digital es efímero casi por definición y como tal hay que tomarlo, sin culpabilidades ni ansiedades. Luego, si uno quiere preservar algo, lo imprime y lo encuaderna, o como mínimo le hace un back-up sólido. El error de Negroponte reside en eso, en no entender que lo efímero sirve para reconocer la necesidad de lo perdurable. Asunto de combinar estados de ánimo.

 

andreshoyos @elmalpensante.com @andrewholes en Twitter

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