Opinión |13 Ago 2008 - 8:06 pm
De tin marín
Por: Hernán Vallejo G.
RECIENTEMENTE EL MINISTERIO de comercio, Industria y Turismo anunció que después de un elaborado proceso de selección, había identificado tres sectores que aspira a convertir de talla mundial: cosméticos, centros de atención telefónica y software.
El proceso no fue fruto del azar. Varios estudios se tuvieron en cuenta e incluso el documento Conpes N° 3527 de 2008 le da estructura a dicha estrategia.
La idea de escoger sectores líderes, de alto impacto o de talla mundial, no es nueva ni exclusiva del caso colombiano. Sin embargo, dicha idea sí ha sido objeto de una larga —e inconclusa— controversia entre los economistas. Por ejemplo, ¿dónde está la evidencia seria que muestre que el éxito de países como Corea y Taiwán se debió a su habilidad para escoger sectores, y no a su capacidad de ahorro, su cantidad y calidad de educación, su aplicación del régimen de la ley, y su desarrollo de infraestructura que favoreciera muchos sectores, entre otras cosas?
Los problemas que enfrenta un gobierno al escoger sectores son múltiples: se requiere bastante información para llegar a semejante decisión, incluso contando con estudios serios de organismos y consultores destacados. ¿Cómo se explica que un gobierno apoye más a los empresarios de unos sectores, que a los de otros? ¿Cómo se cuantifican las fallas del mercado para dimensionar y orientar dichas políticas, por ejemplo hacia el sector de cosméticos? ¿Cómo se evita que estas políticas terminen siendo capturadas por grupos de interés buscando recibir y mantener rentas?
Incluso si se lograran superar las dificultades ya mencionadas, nada nos garantiza que los sectores que escojamos no surjan espontánea o planificadamente en otras latitudes. Si dichos sectores terminan expandiéndose mucho en otros países, lo que parecía una estrategia acertada en 2008 podría no serlo más adelante. ¿Qué efectos tendría esto sobre la equidad? ¿Quién asumiría los costos? ¿Quién respondería?
Nuestro gobierno no ha sido inmune a estas dificultades. Ello podría explicar por qué se anunció que se habían identificado tres sectores que se quiere convertir de talla mundial, para poco después aclarar que eso no quiere decir que sectores más tradicionales serán abandonados. Ello también podría explicar por qué dentro de una descripción de la Agenda Interna se han señalado como prioritarios los sectores con “mayor contenido de conocimiento y desarrollo tecnológico”, y párrafo seguido se ha reconocido que “actividades de mediano e incluso bajo contenido tecnológico, también pueden ser consideradas como prioritarias”.
La Ley de Blinder establece que los economistas tenemos máxima influencia en los temas en los que tenemos más controversias. Hoy en día, no hemos sido capaces de consolidar —y en algunos casos de iniciar— políticas transversales que pueden beneficiar a amplios sectores, como por ejemplo las dobles calzadas en las carreteras que conectan los principales bloques regionales de Colombia, y en cambio sí queremos tener un sector —como el de cosméticos— de talla mundial.
Ojalá que este resurgimiento de la idea de escoger sectores no se vuelva un ejemplo más de la Ley de Blinder, y un ejemplo más del Estado haciendo lo que no debería, en lugar de enfocar todas sus energías en las tareas fundamentales que le atañen, que le apremian, que son muchas, y que requieren de toda su atención.
* Profesor Asociado de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes.
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