Opinión| 26 Ago 2008 - 9:11 pm
Dime con quién andas…
Por: Patricia Lara Salive
(Es que si el semanario no hubiera publicado semejante chiva, Valencia, el contacto de los delincuentes en la Fiscalía, hubiera continuado actuando desde Boyacá, donde acababa de ser trasladado en vez de haber sido destituido, y hubiera seguido haciendo de las suyas y transmitiéndoles a los delincuentes la información privilegiada que, seguramente, obtenía por el hecho de ser hermano del Ministro del Interior y de Justicia, y por tener en común con él otros hermanos y una madre en los que todos confiaban y en quienes ella, a su vez, también debe confiar.
Debo aclarar que el nombramiento de Valencia en ese ministerio me pareció acertado por su carácter conciliador, y conveniente por su conocimiento de las Farc, y que él no puede cargar con la culpa de lo que haga su hermano. El problema es que la relación de éste con uno de los peores carteles vuelve imposible la labor del hermano como responsable de la Justicia en el país. Además, era aterrador el grado de familiaridad que Guillermo León tenía con los delincuentes y la vulgaridad del lenguaje utilizado por él, quien al parecer se prestó para borrar del organigrama de la banda a uno de los alfiles de los capos a cambio de que le dieran, entre otras cosas, ¡una cuatrimoto para sus hijos!).
En el amanecer del lunes escuché al mismo Carlos Gaviria declarar por radio que al Gobierno lo rodea un ambiente sórdido, a propósito del nuevo escándalo destapado el domingo por la revista Semana y por Noticias Uno, a raíz de la reunión sostenida en la Casa de Nariño entre el secretario jurídico de la Presidencia y enviados de la banda de Don Berna, quienes supuestamente llevaban a Palacio información contra magistrados de la Corte Suprema.
Entonces pensé que definitivamente Gaviria tenía razón, pues el círculo en que se mueve una parte importante de los funcionarios del Gobierno es, ni más ni menos, sórdido: viven inmersos entre allegados involucrados en el delito o acusados de tener burdos comportamientos de delincuentes comunes, para no hablar de cerca de la tercera parte de los congresistas, casi en su totalidad miembros de la coalición de Gobierno, quienes están metidos hasta el cogote en la parapolítica.
Es claro que la figura del Presidente no ha sido tocada, que él ha salido libre de pecado y que se ha erguido como un estandarte de pulcritud en medio de esa laguna que, como ocurre en el quinto círculo del infierno de Dante, rodea a la ciudad de Dite y está repleta de fetidez. Pero desde cuando yo era niña, oí que mis padres repetían con frecuencia dos populares refranes: “El que anda con la miel algo se le pega”. Y… “Dime con quién andas y te diré quién eres”.
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EL MUNDO AL REVÉS. ¡Ahora no puede ser que el malo de la película sea el periodista Daniel Coronell por cumplirle a su fuente el pacto de guardar durante un tiempo su confesión, y no ella, Yidis Medina, que se dejó tentar, ni los funcionarios del Gobierno que la sobornaron!
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Patricia Lara Salive
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