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hace 14 mins
Por: Esteban Carlos Mejía

Dos izquierdas serían mejor que una

EMPIEZO CON UNA CITA DE NORberto Bobbio que, según la viscosidad con que se mire, resultará una perogrullada o una sumisa aceptación de la realidad: “Ningún izquierdista puede negarse a admitir que la izquierda de hoy ya no es la de ayer”.

¿Cómo es la izquierda de hoy en Colombia? ¿Una en dos o dos en una? ¿Su actual unidad es consecuencia de la más amplia crítica y de la más estricta autocrítica en cuestiones sustanciales como los socialismos del siglo 21, la democracia, el Estado, la soberanía nacional, el neoliberalismo, o, por el contrario, es apenas fruto de la oportunidad, las circunstancias y la coyuntura política?

A juzgar por un solo tema, —los zigzagueos y perplejidades frente a los métodos y propósitos de la llamada “insurgencia armada”—, creo que la izquierda colombiana, en la práctica, no tiene un polo sino dos.

En un polo languidece la izquierda minoritaria que cree que combinando todas las formas de lucha, vencerá. La que “no está ni a favor ni en contra de las Farc”. La que aún sostiene que “es también equivocada la idea de que la lucha armada ha perdido su vigencia en Colombia”. La que, sin pena ni gloria, añora el comunismo soviético. La que, en sigilo, considera que “el fin justifica los medios”. Para tales izquierdistas, el triunfo de la revolución justifica el narcotráfico, el secuestro, la extorsión, la aniquilación de la población civil, el reclutamiento forzoso y la violación a los derechos humanos. Para ellos, el socialismo (el fin) justifica el bandolerismo (los medios). Es el polo mamerto de la izquierda, dicho sin caridad ni cortesía, pues sus ideas y, sobre todo, sus acciones no merecen respeto sino escarnio y repudio.

El otro polo, para empezar por lo más sencillo, intenta llamar a las cosas por su nombre. Por ejemplo, al imperialismo norteamericano lo llama imperialismo norteamericano, y no “Imperio”, caricaturesco eufemismo sonsacado de La guerra de las galaxias con el que los Daniel Ortega y los Evo Morales —quizá la tendencia más atrasada de la izquierda latinoamericana— se refieren a Estados Unidos y sus políticas de hegemonía y globalización. Esa otra izquierda es la izquierda desarmada que denuncia a la parapolítica por su verdadero carácter, parauribismo. Una izquierda sin concesiones ni veleidades ni ambigüedades ni esguinces teóricos ni nada con la lucha armada, el foquismo guerrillero o el seudo maquiavelismo de la combinación de todas las formas de lucha. Una izquierda radicalmente civilista y a favor de un socialismo democrático y sostenible. Una izquierda opuesta a la explotación, la discriminación y la injusticia del capitalismo. Una izquierda no violenta, libertaria, pluralista, tolerante, igualitaria y pacífica. Una izquierda mayoritaria.

Por el bienestar de la sociedad colombiana sería muy bueno que estas dos izquierdas (el mamertismo y el socialismo democrático) se deslindaran y echaran a andar cada cual por su propio camino.

Rabito de paja

En este sentido, la franqueza ideológica, perspicacia política y capacidad crítica del Partido de los Trabajadores de Brasil (www.pt.org.br), el socialismo petista de Lula, son más inspiradoras que el bolivarismo de Chávez o el sandinismo de Ortega. Más estimulantes y menos lúgubres. Sin duda alguna.

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