Opinión| 22 Jul 2008 - 9:01 pm

José Fernando Isaza

Hablar de plata, ¡qué pena!

Por: José Fernando Isaza
OSCAR WILDE DECÍA QUE DE PLATA sólo hablan los pobres, los ricos la disfrutan. En una de sus últimas entrevistas, Pedro Juan Moreno decía que hablar de plata es conversación de… o en lenguaje políticamente correcto “de afrodescendientes”. Colombia no es un país rico, pertenece a los de clase media, por lo cual, a pesar de lo inoportuno, se debe hablar de la plata destinada al Ejército. Obsérvese que no digo a la “guerra”, pues según el Gobierno no hay ni siquiera conflicto interno.

La revista de la Contraloría General de la República de enero de 2008, está dedicada al Gasto en Defensa y Seguridad y señala que es un debate útil. A riesgo de ser catalogado como “autoplagiador” voy a citar algunos resultados de un estudio que realicé con el profesor Diógenes Campos.

En el año 2007, el gasto en defensa y seguridad alcanzó el 6,32% del PIB. Para poner esta cifra en contexto, puede compararse con el valor de la cosecha cafetera que representa el 1,1% del PIB. Es decir, Colombia no es un país cafetero, es un país militar. Estados Unidos destina el 4% del PIB al presupuesto de defensa, incluyendo la guerra de Irak, en los países europeos el gasto en defensa es del 2% del PIB.

En el siglo XX, el gasto militar en Colombia mostró un pico del 3% en la guerra con el Perú, en el período de la violencia este indicador creció del 1% al 2,2% del PIB. Es interesante mencionar que durante el gobierno militar el gasto del Ministerio de Defensa descendió del 2,2% al 1,5% del PIB. En todo el período 1926-1998 el promedio del gasto militar fue del 1,8% del PIB, menos de la tercera parte de la proporción actual.

Si comparamos con los países vecinos, el gasto de guerra en Colombia es el doble del venezolano y casi seis veces el ecuatoriano. El solo crecimiento del pasivo pensional de las fuerzas militares representa el 1,7% del PIB, superior en un 60% al valor de la cosecha-cafetera. El pasivo pensional en el año 2006 llegaba al 15% del PIB.

A medida que disminuyen los grupos armados irregulares paradójicamente aumenta el pie de fuerza. Así en el período 2002-2007 los 160.000 soldados combatían 16.900 guerrilleros de las Farc, 3.700 del Eln, y de acuerdo con las declaraciones oficiales, también combatían a 12.175 de las Auc. Es decir, 4.9 soldados por cada combatiente irregular. Al finalizar el año 2007, desmovilizada la Auc, y reducida la guerrilla por cada guerrillero había 15.5 soldados. Las teorías de las guerras de guerrillas consideran apropiado 10 regulares por cada irregular.

En el año 2008, de acuerdo con el Herald Tribune, el pie de fuerza aumentó a 254.300 efectivos, sin incluir la policía, el número de guerrilleros al finalizar 2007 era de 12.499, lo que lleva a una cifra de 20.34 soldados para combatir 1 guerrillero.

Los resultados contrainsurgentes del primer semestre de 2008, de acuerdo con el Ministerio de Defensa, son 5.065 guerrilleros desmovilizados, capturados o abatidos. De continuar estos resultados al finalizar el año, si el reclutamiento de irregulares disminuye, fruto de la política de seguridad democrática, la guerrilla estaría casi acabada, y podría iniciarse un proceso de reducción del gasto militar.

Es claro que no hay que ser excesivamente optimista. En el período 2002-2007, de acuerdo con las cifras oficiales, se retiraron 50.464 guerrilleros entre abatidos, capturados y desmovilizados, pero la guerrilla se redujo en sólo 8.101 efectivos al pasar de 20.600 a 12.499, es decir, pudo reclutar el doble de los armados irregulares iniciales.

La conclusión es clara, es mejor desestimular el reclutamiento guerrillero.

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano

  • José Fernando Isaza

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