Ana Milena Muñoz de Gaviria 1 Oct 2008 - 8:50 pm

Horizontes

Jóvenes en riesgo

Ana Milena Muñoz de Gaviria

RECIENTEMENTE, Y AUNQUE NO es un tema nuevo, los medios de comunicación han recogido numerosas noticias relacionadas con la desaparición de jóvenes de sectores marginales de la ciudad, el hallazgo de algunos de éstos muertos —supuestamente, en ciertos casos, por militares (falsos operativos)— y el reclutamiento de jóvenes por grupos al margen de la ley. Todo esto hace pensar en que algo pasa con este grupo poblacional y que se necesita mayor atención por parte del Estado.

Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria
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La falta de oportunidades y la dificultad para conseguir empleo, tanto para los jóvenes que terminan bachillerato como para aquellos que son desertores escolares y que, por lo tanto, no cuentan con un cartón —requisito para el trabajo—, sumado a un desempleo creciente, son factores todos que afectan principalmente a los sectores marginales; ello hace que el reclutamiento encuentre campo abonado, pues constituye, en esas circunstancias, una alternativa y una solución para los jóvenes.

Adicionalmente al tema económico, el reclutamiento también obedece a la necesidad de tener autoestima, de generar pertenencia, de sentir un cierto poder que les da el uniforme, de seguir falsas promesas; lo que es más triste es que en ningún momento esta lamentable decisión de engrosar las filas de lo ilegal se hace por principios o valor alguno, pues finalmente les da lo mismo unirse a la guerrilla, a los paramilitares, al narcotráfico o aun al mismo Ejército.

Y es que el reclutamiento de jóvenes no es nada nuevo: en Medellín, en la época del narcotráfico, los muchachos de las comunas alimentaron las bandas de sicarios y las bandas al servicio de los capos de la droga. En ese entonces se iniciaron programas como los de la Consejería para Medellín y los de la Consejería de Juventud, Mujer y Familia, que aún continúan hoy pues el tema es estructural más que coyuntural; se suman otros como el de Jóvenes con Futuro de la Alcaldía de Medellín y el programa Fénix para jóvenes con alto riesgo, de Comfama.

Hoy en día, si bien existe un programa presidencial para este grupo, conocido como “Colombia Joven”, que depende de la Vicepresidencia, no cuenta con recursos suficientes para desarrollar programas de promoción de empleo y de ingresos ni programas de prevención de reclutamiento, pues este despacho promueve el desarrollo de políticas en las instancias nacionales y locales.

Se termina presentando un círculo vicioso en la medida en que aunque se busca la desmovilización, con el programa de la Alta Consejería para la Reintegración, faltan recursos y esfuerzos para la prevención del reclutamiento que, como ya señalé, en la mayoría de los casos no es voluntario.

El tema es complejo y necesita de una política pública más agresiva y de una coordinación interinstitucional liderada al más alto nivel por la Vicepresidencia, pues se necesita convocar a los distintos actores para el desarrollo de acciones integrales a distintos estamentos del Gobierno y de la sociedad civil en general.

Hay que prestarles, de verdad, más atención a los jóvenes: los medios ya han hecho su parte al denunciar los casos, pero es necesaria una real comprensión del problema a fin de dar respuestas y atacar el problema de fondo.

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