Por: Yesid Reyes Alvarado

La magia de la extradición

POCAS HORAS DESPUÉS DE SER EXTRAditado a los Estados Unidos alias Macaco, las autoridades colombianas ocuparon propiedades suyas por un valor muy superior al de todos los bienes que hasta ese momento habían entregado los jefes paramilitares como reparación a las víctimas.

Inmediatamente después de que trece jefes paramilitares recluidos en cárceles nacionales fueran extraditados a Estados Unidos, las autoridades colombianas buscan afanosamente algunos computadores, discos duros, memorias USB y tarjetas Sim que hasta ese momento eran utilizadas por los extraditados.

La prontitud con la que las autoridades lograron incautarse de los bienes de alias Macaco puede obedecer a dos razones: o conocían de antemano la existencia de esos bienes y sabían que pertenecían al ex jefe paramilitar, o la extradición de éste último reveló mágicamente la enorme lista de los valiosos bienes ocupados, su ubicación, su valor y los nombres de los testaferros. El afán de las autoridades para localizar y examinar algunos computadores, discos duros y tarjetas Sim de los otros jefes paramilitares entregados a la justicia norteamericana también puede explicarse de dos formas diversas: o sabían de tiempo atrás que en esos aparatos había información valiosa para la justicia, o la extradición de los detenidos reveló mágicamente la importancia de conocer el contenido de los computadores y teléfonos utilizados por los antiguos jefes paramilitares.

Como resulta difícil de creer que antes de esas extradiciones las autoridades no tuvieran ninguna información sobre los bienes de los que finalmente se incautaron, ni eran conscientes del valor de la información almacenada en los aparatos electrónicos que esos detenidos tenían a su disposición, queda la sensación de que antes de las extradiciones se asumió una actitud pasiva en espera de que los desmovilizados aportaran voluntariamente toda la información a las autoridades como parte de su proceso de reinserción, y que sólo cuando se produjeron las extradiciones los organismos de seguridad creyeron llegado el momento de intervenir activamente.

La colaboración que una persona sindicada brinde a las autoridades judiciales, dentro o fuera de un proceso de paz, no elimina la obligación que éstas tienen de investigar por su propia cuenta las actividades delictivas de los detenidos y de utilizar esa información en los procesos judiciales. Por el contrario, ese conocimiento de las autoridades permite valorar el grado de credibilidad que debe darse a las afirmaciones hechas por la persona investigada y, sobre todo, permite que los procesos no avancen al ritmo que los detenidos quieran, sino con la celeridad que las autoridades puedan imprimirles. Si al proceso seguido contra alias Macaco se hubieran llevado oportunamente las informaciones que las autoridades tenían sobre sus bienes ocultos, hace tiempo que éstos se habrían ocupado en beneficio de las víctimas y habría quedado al descubierto el verdadero grado de colaboración de esta persona con la justicia. Si se hubieran monitoreado oportunamente las informaciones contenidas en los computadores y teléfonos celulares de los extraditados, tal como estaba previsto en la resolución que les autorizó el uso de esos aparatos, esa información se habría podido utilizar para que las investigaciones avanzaran más rápidamente y así evitar la manipulación propia de una colaboración a cuentagotas.

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