Por: Esteban Carlos Mejía

Serás taxista

A LAS TRES CUADRAS EL TAXISTA SE pone a contarme una historia de la vida ordinaria. Cuando Pablo Escobar mandaba en Medellín, dice, y era un rey sin corona, según proclama su epitafio, le mandó a pegar una calcomanía al vidrio de atrás del carro de una hermana: ‘Este carro es de la hermana de Pablo Escobar. No se lo robe. Evítese molestias’.

No me crea tan pendejo, digo, y nos reímos juntos. A los taxistas les sobra marrulla, memoria o desmemoria, fetichismo: mera recocha.

Y no me refiero a ellos como seres de carne y hueso ni mucho menos como “personificación de categorías económicas”, al gusto del astuto Marx, ni siquiera como “representantes de determinados intereses”. No, como el anofeles ayuda a transmitir el paludismo, los taxistas transmiten, sin querer queriendo, la ignorancia acumulada y las leyendas urbanas, estereotipos, prejuicios y absurdos que conforman nuestro imaginario colectivo.

Fueron, por ejemplo, los primeros en reclamar que a este país le hacía falta un Fujimori. Ahora que tenemos uno dicen que es un berraco. Y pobrecito del que se atreva a llevarles la contraria. ¿Y los paracos? Un mal menor. Me ofusco: ¿pero acaso no son iguales a la guerrilla, el mal mayor? Confunda pero no ofenda, amigazo.

Tratan a los muertos como si estuvieran vivos. Carlos Gardel no se achicharró en un accidente en el campo de aviación hace ya más de setenta años. Ni la Policía mató a Pablo Escobar en el techo de la casa donde se escondía. Carlos Castaño aún vive, al igual que su hermanito Rambo. Ahora que está temblando, en la China y en Quetame, se acuerdan del ‘batolito antioqueño’, un incomprobable manto subterráneo que protege a Medellín y a sus empinadas laderas contra cualquier seísmo.

Sus perspectivas políticas son arrevesadas, por lo demás: Fajardo fue mejor alcalde que LuPe, sí, pero, se lamentan con nostalgia, ‘los políticos de antes robaban y dejaban robar’. ¿El mejor presidente de Colombia? Qué bobada, eso no se pregunta. Lástima que no sea vitalicio. ¿Ah, sí?, digo, por no quedarme callado. ¿Y las alzas en la gasolina? La culpa es de Chávez, patroncito.

Creen en lo que quieren creer, y se lo hacen creer a sus clientes, con una convicción que podría ser poética si no fuera patética. Los pasajeros, cándidos habitantes de Macondo, se bajan del taxi y repiten por doquier lo que han oído, en una propagación casi fractal de exageraciones sin sentido y de opiniones sin pies ni cabeza.

Cabeceo con escepticismo. Mi percepción es distinta, digo. Me miran por el retrovisor con misericordia. A usted le falta fe, amigazo. Si la vida le parece berraca, póngase a manejar taxi y verá. Al cabo de doce o catorce o más horas al volante, a duras penas alcanza para pagar gasolina, lavada, brillada, cuota, mercado, útiles del colegio, alquiler, servicios públicos, sin contar lo que le toca al dueño del carro. No queda ni para ir a ver jugar al Nacional, papá. Además toca aguantarse a los azules con sus multas y contravenciones y el pico y placa y los tacos y las obras de Metroplús y las pirámides de la Oriental y a los incrédulos como usted. ¿Sabe qué le dijo Dios a Adán cuando lo echó del paraíso? ¡Serás taxista, hijuemadre!

Rabito de paja.- ¿Quién hizo el mejor tiempo en la etapa contrarreloj de la reciente Vuelta a Colombia? Hernán Buenahora. ¿Quién más iba a ser?

* Novelista y periodista antioqueño.

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