Opinión| 23 Sep 2008 - 10:01 pm

Andrés Hoyos

Tiburones

Por: Andrés Hoyos
YO SOLÍA PENSAR QUE DAMIEN HIRST era un personaje despreciable. Hoy ya no estoy tan seguro. Sigue siendo cierto, en mi opinión, que lo que este famoso inglés vende como arte no tiene ninguna relación, digamos, con un bello cuadro de Caravaggio, de Picasso o, incluso, de Lucian Freud. No obstante, debo aceptar que Hirst sí se perfila como un gran artista, el gran artista del billete. Nunca nadie había logrado implantar una confusión tan extrema entre dinero, fama y arte como él.

No voy a inundar al lector con cosas que puede averiguar en Google o en las páginas oficiales de los periódicos. Baste con decir que en días pasados Hirst se lanzó a subastar sin intermediarios en Sotheby’s 287 piezas recientes y logró ventas por más de 200 millones de dólares, un platal. Una de las obras vendidas lleva el muy apropiado nombre de El becerro de oro y es el cadáver de un torete sumergido en formol, con cascos y cuernos de oro y una diadema dorada. Por si las moscas, Moisés todavía no ha bajado del Sinaí a armar tropel.

Agradece uno que el contenido conceptual de este arte no sea tan idiota como de costumbre. Hirst, entrenado primero por el publicista Charles Saatchie y luego por los galeristas Jay Jopling y Larry Gagosian, demostró que cuando uno se dedica a vender objetos a especuladores y a multimillonarios incultos y exhibicionistas, lo esencial es pegarle a un concepto bien escandaloso y luego generar muchísimo ruido. De ahí en adelante ya no tendrá que hacer mayor cosa, como no sea contratar a artesanos que hagan el trabajo físico y dejar abierta la cuenta bancaria para que entren en avalancha los millones.

Se suele hablar de arte conceptual: pues bien, Hirst descubrió que el concepto central de todo este asunto es el mismo que predomina en el mercadeo: la marca. Una obra suya no es más que una forma sofisticada de loción o de champú. Dicho de otro modo, la brillantez del tipo consiste en haber descubierto la conexión, que otros hacían hasta lo imposible por ocultar, entre la nueva riqueza, el mercadeo global y el así llamado arte contemporáneo.

Con todo, me parece todavía más brillante haberse convertido en un símbolo. Piénsese: ¿bajarán alguna vez de precio los objetos de Hirst? Ese día, desde luego, lo que don Damien tiene que hacer es dar un tremendo remate de corrida, por cuanto no es mérito menudo acumular esa cantidad de millones vendiendo objetos tan deleznables. Pero el hombre compró un seguro: los astronómicos precios de sus obras se han vuelto simbólicos, de modo que no sólo mucha gente no quiere que baje lo que compró a millones, sino que de devaluarse el símbolo, el resto del andamiaje se vendría abajo. Porque si mañana los cadáveres en formol, los becerros de oro y los cráneos incrustados de diamantes pelan el cobre y bajan de precio, ¿cómo vender el resto de extravagancias del arte contemporáneo a precios exorbitantes? Esto logra pura magia conceptual: el resto de los involucrados trabaja para él, a gusto o a disgusto.

La ética del asunto es, desde luego, dudosa. En la subasta de la semana pasada los galeristas amigos del artista, que además tienen muchas obras sin vender, estaban apostando. Pero eso no está prohibido. ¿Una nueva burbuja? Sin duda, sólo que al ver a los compradores girar los cheques llenos de ceros, uno piensa lo mismo que piensa cuando ve a la gente de Zipaquirá protestar contra las pirámides locales. ¿Se van a quejar? ¿Acaso alguien los obligó a creer en pendejadas? Damien Hirst a la hora de comprar arte no es bobo: se gasta su plata en cuadros de Francis Bacon.

andreshoyos@elmalpensante.com

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Opiniones

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ejnac

24 Septiembre 2008 - 4:29pm
Salamandro, almapura! eres muy, pero muy ingenuo/a. Ojalá esto fuera un tema de mojigatería vs "experiencias místicas" o rollos de esos. El mundo del arte está compuesto por varios elementos, unos con la cara muy dura, el cerebro bien hueco y los contanctos adecuados, otros ágiles negociantes que saben done hincar el diente,(llámense curadores, críticos...etc)sobretodo en tiempo de "crisis económica" los nuevos ricos abundan y su hambre sin fin es bastante proclive a las cosas de irreparable -malgusto-, con tal de hacer el show y asegurar una buena compra, así igualen en maniobra y estupidez al emperador con su traje nuevo y el culo al aire. Despierta, antes de que el desencanto arranque alguna lagrimita de allí de donde emanan tus tan profundos pensamientos.
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salamandro

24 Septiembre 2008 - 11:05am
De Picasso, e incluso de Bacon se decían cosas peores. También se hablaba de la relación entre el capitalismo del momento con el arte del momento. Hirst no será pintor, pero su obra permite unas experiencias hasta entonces inéditas en el arte. Basta con experimentar alguna de ellas. El arte no tiene por que ir al ritmo de la moral de la gente, Nunca lo ha hecho. Creo, señor Hoyos, que lo suyo no son las artes plásticas, tanto como lo es la literatura, en dónde también tiene posiciones bastante ligeras, y mojigatas. Demasiado bienpensante. Hable por favor de lo que sabe.
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elseñordelasmoscas

24 Septiembre 2008 - 8:28am
Mi padre dice que "ahora todo el que brinca y pela el ombligo se considera artista". No más es mirar toda la basura que "produce" ese tal Hirst para darle la razón a mi padre.
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manuelmejia

24 Septiembre 2008 - 12:45am
Más que crítico de arte, Andrés, el malpensante, parece envidioso del mercader.
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avn

23 Septiembre 2008 - 11:25pm
Es cierto que el espectáculo de la subasta ha sido grotesco - y es cierto que Hirst la ha manejado de manera genial. Esa cercanía, esa connivencia entre mundo del arte, mundo comercial, traquetos coleccionando y sintiéndose la crema de la crema, etc. existe desde hace rato (¿siglos?), pero paradójicamente queda puesta en evidencia a través de esas subastas. No sabía que Hirst coleccionara Bacon...
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paisacoraje

24 Septiembre 2008 - 1:34pm
Es bueno hacer claridad de que el Francis Bacon a quien se refiere el columnista es al contemporáneo pintor británico de origen irlandés y no a su homónimo, el célebre filósofo.
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