Opinión| 15 Ene 2009 - 8:46 pm
Arte y moral
Por: Cartas de nuestros lectores
Aunque pocos portales reproduzcan la totalidad de la obra. A los interesados les sugiero ir a la página de la BBC, donde podrán ver la instalación y formarse su propia opinión. Como lo muestra la nota, la imagen más polémica de la obra de Cerny es la de Polonia (cuatro sacerdotes clavando la bandera del orgullo gay). Sin embargo, no se queda atrás la imagen de Alemania, con la cruz gamada de fondo. Valdría la pena escuchar también lo que Cerny piensa de su obra: “Es ironía, nada más, es como un espejo en el que nos miramos, hay que sonreír al ver nuestra imagen y no tomar las cosas en serio”. Quiero destacar esta idea: un espejo en el que nos miramos. Eso es lo que parece molestarles a algunos moralistas europeos (Oscar Wilde ya lo había dicho y sufrido hace más de un siglo) que no renuncian a abandonar la época victoriana. Para conocer la obra de Cerny puede visitarse su página web, donde podrán ver trabajos críticos, por ejemplo, sobre la Europa comunista. Muchos políticos europeos y periodistas se han indignado con Cerny, exclamando que es un “arte irrespetuoso y consagrado al facilismo”. Habría que partir, por supuesto, de qué entendemos por arte hoy y de qué manera apreciamos una obra, cualquiera sea. En estos días ya vimos otra polémica similar, entre nosotros, sobre los límites del artista, a propósito de la caricatura de Mike Peters sobre nuestra afamada mula Juan Valdez. La libertad de expresión no sería nada sin la libertad de creación. Cualquiera puede interpretar el pasado, reconstruirlo a su manera y plasmarlo en un trabajo artístico. Eso fue lo que hizo Cerny. La moral nunca ha sido buena consejera en arte.
Alberto Bejarano. Bogotá.
Que sea el Vaticano
No hay mejor garantía en el anunciado proceso de liberación de secuestrados por parte de las Farc que la misma voluntad de hacerla. Lo demás es un tira y jala en la escogencia del designado, mas desviado hacia fines políticos que a una labor efectiva de quien como garante participe en el proceso. La propuesta gubernamental de que sea el Vaticano no puede ser más acertada y coherente: encaja absolutamente dentro de los requerimientos de las Farc y el Gobierno, se aparta de cualquier alinderamiento político, tiene el carácter de personalidad y a su vez Estado, y su filosofía y principios se ajustan al deseo de reconciliación del pueblo colombiano. ¡Al que quiera más, que le piquen caña! No entender eso, es ratificar pública y descaradamente que los fines perseguidos con la liberación son otros —show incluido— y que se juega impunemente con sentimientos de familiares y secuestrados.
Ricardo Buitrago. Barranquilla.
En defensa de William Ospina
Dijo Oscar Wilde que con razón se dedica a enseñar el que no pudo aprender y eso explica la crítica absurda de Eduardo Ortiz V., de Cali, a quien por fortuna desconozco totalmente y no sé cuáles sean sus aportes a la buena literatura y a ensayos serios. Afirmo lo anterior tras la crítica llamada desperdicio al referirse dicho señor al gran escritor y ensayista William Ospina, bien conocido en los círculos intelectuales y literarios del país y del extranjero. Menospreciar su crónica sobre la Revolución Cubana y afirmar que ella nada aportó como nuevo al enfoque de dicho tema, es desconocer la calidad intelectual del editorialista William Ospina. Lástima que para criticarle se le hayan cedido renglones al desconocido señor Eduardo Ortiz V., en El Espectador en su columna Carta de los Lectores. Si desea conocer otros conceptos que se acomoden a su gusto sobre la Revolución Cubana, que lea a George W. Bush.
Danilo Alarcón Quiñones. Bogotá.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.
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