Opinión |16 Ene 2009 - 8:43 pm
La brecha de Obama
Por: Paul Krugman
“YO NO CREO QUE SEA DEMASIADO tarde para cambiar el rumbo, pero lo será si no emprendemos acciones drásticas tan pronto como sea posible. Si no hacemos nada, esta recesión podría quedarse aquí durante varios años”.
Lo anterior fue declarado por el Presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, el jueves de esta semana, cuando explicaba por qué Estados Unidos necesita una respuesta gubernamental sumamente decisiva al descenso de la economía.
Está en lo correcto. Esta es la crisis económica de mayor peligrosidad desde la Gran Depresión, y con mucha facilidad podría convertirse en un prolongado bache.
Sin embargo, la prescripción de Obama no está a la altura de su diagnóstico. El plan económico que él está ofreciendo no es tan fuerte como su lenguaje acerca de la amenaza para la economía. De hecho, se queda muy corto con respecto a lo que hace falta.
Tan sólo consideremos la enormidad de la economía estadounidense. Si se le diera suficiente demanda para su producción, Estados Unidos produciría más de 30 billones de dólares en bienes y servicios en los próximos dos años. Pero, con el gasto del consumidor y con la inversión empresarial en caída libre, se está abriendo una enorme brecha entre lo que puede producir la economía de Estados Unidos y lo que es capaz de vender.
Además, el plan de Obama no tiene las dimensiones necesarias, y por mucho, para llenar esta “brecha en la producción”.
Previamente en la semana, la Oficina del Presupuesto en el Congreso (CBO) presentó su análisis más reciente del presupuesto y perspectiva económica. La oficina del presupuesto dice que en la ausencia de un plan de estímulos, la tasa de desempleo aumentaría por encima de nueve por ciento para comienzos de 2010, y se mantendría en altos niveles en los años próximos.
Por cierto, si bien esta proyección es sombría, de hecho es optimista cuando se compara con algunos pronósticos independientes. El mismo Obama ha estado diciendo que sin un plan de estímulos, la tasa de desempleo podría terminar en dígitos dobles.
Incluso la CBO dice, sin embargo, que “la producción económica a lo largo de los dos años siguientes promediará 6.8 por ciento por debajo de su potencial”. Esto se traduce en 2.1 billones de dólares en producción perdida. “Nuestra economía podría quedar un billón de dólares por debajo de su capacidad plena”, declaró Obama este jueves. Bien, de hecho él estaba entendiendo la situación.
A fin de cerrar la brecha de más de dos billones de dólares —posiblemente mucho más, si las proyecciones de la oficina del presupuesto resultan demasiado optimistas—-, Obama ofrece un plan por 775.000 millones de dólares. Y eso no basta.
Ahora bien, los estímulos fiscales a veces pueden tener un efecto “multiplicador”: Además de los efectos directos de, digamos, la inversión en infraestructura disponible, puede darse un efecto indirecto de tipo ulterior, a medida que ingresos mayores dan origen a mayor gasto del consumidor. Los estimados promedio dejan entrever que un dólar de gasto público eleva el Producto Interno Bruto (PIB) en aproximadamente 1.50 dólares.
Sin embargo, tan sólo 60 por ciento del plan de Obama consiste en gasto público. El resto está hecho de reducciones fiscales; y muchos economistas se muestran escépticos con respecto a cuánto realmente, en particular las exenciones fiscales para negocios, harán por impulsar el gasto. (Al parecer, diversos integrantes demócratas en el Senado de Estados Unidos comparten estas dudas).
Howard Gleckman, del Centro de Política Fiscal, centro no partidista, lo resumió en el título de un reciente comentario en un blog o diario en línea: “Muchísimo dinero y no muchos resultados”.
En pocas palabras, el plan de Obama tiene pocas probabilidades de cerrar más de la mitad de la brecha actual en la producción, y fácilmente podría terminar llevando a cabo menos de un tercio de lo necesario.
¿Por qué Obama no está intentando hacer más?
¿Acaso el plan está siendo limitado por el temor a la deuda? Existen peligros asociados con grandes préstamos pedidos por gobiernos, al tiempo que el informe de esta semana de la Oficina del Presupuesto en el Congreso proyectaba un déficit de 1.2 billones de dólares para este año.
Sin embargo, sería incluso más peligroso no llegar al total cuando se trata del rescate de la economía. El jueves de esta semana, el Presidente electo habló de manera elocuente y precisa acerca de las consecuencias de no actuar —existe un riesgo verdadero de que caigamos en una prolongada trampa deflacionaria, al estilo japonés—-, pero las consecuencias de no actuar de manera apropiada tampoco son mucho mejores.
¿Está siendo limitado el plan por una falta de oportunidades para gastar? Existe tan sólo un número limitado de proyectos de inversión pública “listos para la pala”; esto es, proyectos que puedan ser lanzados rápidamente para ayudarle a la economía en el corto plazo. No obstante, hay otras formas de gasto público, particularmente en lo referente al cuidado de salud, que podrían hacer bien, al mismo tiempo que le ayudan a la economía en su momento de necesidad.
¿O es que el plan está siendo limitado por la cautela política? Informes de prensa en diciembre indicaron que auxiliares de Obama estaban impacientes por mantener el precio final del plan por debajo de la marca, políticamente delicada, de un billón de dólares. Aunado a lo anterior, se han dado insinuaciones en cuanto a que la inclusión de grandes reducciones de impuestos a empresas en el plan, lo cual se suma a su costo, pero hará muy poco por la economía, es un esfuerzo con miras a ganar votos republicanos en el Congreso estadounidense.
Cualquiera que sea la explicación, el plan de Obama sencillamente no parece suficiente para la necesidad de la economía. Eso sí, un tercio de la hogaza es mejor que nada. Pero, justo en estos momentos, al parecer estamos ante dos importantes brechas económicas: la brecha entre el potencial de la economía y su probable desempeño, y la brecha entre la severa retórica económica de Obama y su plan económico, más bien decepcionante.
* Premio Nobel de Economía 2008, profesor en la Universidad de Princeton y columnista habitual de ‘The New York Times’.©. 2009 - The New York Times News Service.
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