Opinión| 17 Ene 2009 - 10:00 pm
Palabras Combativas
Más que un buen sentimiento
Por: Christopher Hitchens
¿Con quién lo discutirá primero, y de manera más concentrada: con su presidente o con su esposo? (Le dije que no resultaría difícil de determinar). He aquí otra pregunta: ¿Fluctuará Hillary en sus decisiones sobre política exterior tomando en cuenta evaluaciones electorales focalizadas en el año 2012? Y si es así, ¿fluctuará en favor de los intereses del presidente Barack Obama o en favor de sus propios intereses?
La siguiente pregunta, y debo disculparme por adelantado por formular otra que no es difícil de responder, es: ¿quién más se acercará a Bill Clinton cuando busque asesoramiento, consejo e input en asuntos exteriores? Al parecer, si se examina la lista de donantes de la Fundación Clinton, no existe prácticamente un solo oligarca, una sola monarquía o un solo grupo de intereses especiales a nivel mundial que ignore cómo atraer la atención del ex presidente.
Por cierto, desde que la fundación aceptó divulgar sus clientes “confidenciales” —en otras palabras, desde que eso fue requisito para la nominación de la senadora Clinton como secretaria de Estado— hemos descubierto de manera adicional que el ex presidente Clinton ha mantenido cálidas relaciones con un muy cuestionable hombre de negocios en Malasia y con otro, esta vez en Nigeria, que acostumbraba a mantener vínculos muy cercanos con la ultracorrupta dictadura militar de ese país.
El ejemplo nigeriano es especialmente instructivo. Gilbert Chagoury es un importante empresario que posee tierras y está involucrado en la industria de la construcción en Nigeria. Ha contribuido con entre uno y cinco millones de dólares a la Fundación Clinton. También consiguió que Clinton obtuviera enormes honorarios por ofrecer conferencias en un evento en el Caribe. Y entregó una enorme suma durante la campaña de reelección de Bill Clinton en 1996. A cambio de esto, fue recibido en la Casa Blanca durante la época de Clinton y en fecha más reciente ha participado en eventos sociales patrocinados por Clinton en Nueva York y París.
Tal vez eso alivió las dificultades de Chagoury en la propia Nigeria. Como amigo cercano del déspota uniformado, general Sani Abacha, Chagoury se benefició con negocios extremadamente lucrativos durante los años de la dictadura. Pero más tarde fue obligado, tras una investigación de sus transacciones, a devolver unos US$300 millones al Tesoro nigeriano a cambio de un arreglo por el cual sus cuentas bancarias podían ser decongeladas. Ajá, puede decir el lector, no hay evidencia alguna de un toma y dame. (O, en otras palabras, Chagoury le dio una fortuna a Clinton porque él, también, quiere “luchar contra el sida”).
Por supuesto, esto puede ser solamente un dinero sembrado para un toma y dame posterior que aún no se ha materializado. Y si Chagoury o cualquier otro alguna vez tuvo la impresión de que los Clinton darían algo a cambio de un pago, es fácil ver cómo llegaron a esa idea. Yo escribí una columna en Slate en noviembre de 2008 sobre las investigaciones de los escándalos de las finanzas de la campaña de Clinton y los embustes que rodearon el perdón al millonario Marc Rich. Pero una contribución a la fundación de Bill Clinton, ¿le consigue a uno ingreso al círculo de influencia de la senadora Clinton?
Veamos. Un artículo del 4 de enero en The New York Times dice: “Un promotor inmobiliario del norte de Nueva York donó US$100.000 a la fundación del ex presidente Bill Clinton en noviembre de 2004. Eso fue por la época en que la senadora Hillary Rodham Clinton ayudó a asegurar millones de dólares en asistencia federal para el proyecto de un centro comercial del promotor inmobiliario. La señora Clinton ayudó a promulgar legislación permitiendo al promotor, Robert J. Congel, el uso de bonos libres de impuestos para ayudar a financiar la construcción del complejo de diversiones y compras Destiny USA, una expansión del Carousel Center en Syracuse. También ayudó a asegurar una cláusula en un proyecto de ley de construcción de una autopista que asigna US$5 millones para construir un camino hacia Destiny USA”.
¿Por qué alguien debería dudar, entonces, que el antiguo eslogan de la elección de 1992 todavía es cierto? Como Bill lo señaló ese año, si uno votaba por él, conseguía “dos al precio de uno”. Lo que el país —y el mundo— han visto es una leve variación del lema: “Compre uno, y consiga al otro gratis”.
El acuerdo alcanzado por el próximo gobierno de Barack Obama es que la lista de donantes a la Fundación Clinton será revisada una vez por año y que solamente las nuevas donaciones de Estados extranjeros —la cual ya incluye una cantidad muy grande de los emiratos del golfo Pérsico— será revisada por los abogados del gobierno federal. ¿Cómo reaccionaríamos si leyéramos que esa fue la regla para el gobierno de Vladimir Putin, o el régimen en Alemania del ex canciller Gerhard Schroder?
Tengo en mi escritorio el informe de una promesa de donación por US$100 millones a la Fundación Clinton por parte de un conjunto de empresas con sede en Vancouver conocidas como el Lundin Group. El propósito aparente de esta contribución se halla redactado en los usuales vacuos términos de “economías locales sustentables”, especialmente en África. Todo lo que sé por cierto sobre el Lundin Group es que hace un montón de negocios en Sudán. Y todo lo que quiero preguntar —como tal vez algún senador podría querer preguntar— es ¿por qué ese inmenso interés corporativo simplemente no dona el dinero de manera directa, en vez de distribuirlo a través de las oficinas de un equipo dirigido por un ex presidente adicto al tráfico de influencias? ¿Qué suponen que están consiguiendo por su dinero esos y otros donantes? ¿Un buen sentimiento?
Esta es otra pregunta que se me acaba de ocurrir. Por cierto, cesaré de insultar al lector con preguntas obvias, y formularé una para la cual no tenemos respuesta obvia alguna. ¿Por qué está siendo nominada la senadora Clinton, la esposa del gran traficante de influencias? A cambio de dar la penosa impresión de que nuestro Departamento de Estado será un destino atractivo para cabilderos y donantes, ¿qué es lo que estamos obteniendo? ¿George Marshall? ¿Dean Acheson? ¿Incluso Madeleine Albright? No, estamos obteniendo una mujer notoriamente ambiciosa que hizo el ridículo al asegurar que había sido atacada por francotiradores en Bosnia, durante las primarias demócratas, y que carece de toda experiencia en política exterior, excepto lo que ha aprendido, de segunda mano, de un ex presidente llevado a juicio político, de un abogado expulsado del foro y de un arrendatario del dormitorio de Abraham Lincoln. Si el Senado aprueba la nominación de Hillary Rodham Clinton, habrá reforzado su reciente imagen como el parlamento de una quebrada república bananera que da su visto bueno a cualquier cosa. No es un comienzo especialmente bueno para esta era calificada de nueva y de valiente.
* Periodista, comentarista político y crítico literario, muy conocido tanto por sus puntos de vista disidentes, su ironía y su agudeza intelectual. / c. 2007 WPNI Slate
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Christopher Hitchens
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