Opinión |5 Feb 2009 - 10:02 pm

Daniel García-Peña

Más Piedad

Por: Daniel García-Peña

ES INMENSA LA ALEGRÍA QUE SENtimos al ver seis compatriotas William Domínguez, Wálter Lozano, Juan Fernando Galicia, Alexis Torres, Alan Jara y Sigifredo López libres y reunidos con sus familias.

Pero es aún mayor lo que estos reencuentros significan para la gran familia colombiana, tan acostumbrada a la división, las disputas y la sangre. Y rabia e intolerancia, como se reflejaron en las reacciones a las palabras de Alan Jara, acusado de estar con las Farc o de sufrir del “síndrome de Estocolmo” sin tener ni la más remota idea de lo que eso significa.

Sin duda, Jara fue duro con Uribe. Pero también lo fue con las Farc, a quienes denunció por su crueldad y tratos inhumanos.

Conozco a Alan Jara desde años atrás. Trabajamos juntos en el Consejo Nacional de Paz y viajamos a Guatemala para conocer más de cerca su proceso de paz. Por ello, mucho de lo que dijo no me sorprendió, ya que se lo había escuchado antes. Sus siete años y medio en la selva sólo sirvieron para fortalecer sus convicciones y darle más razones para estar a favor de la solución política a la guerra.

Pero más allá de sus opiniones, el gran valor de lo que dijo reside en los elementos de juicio que nos brinda.

Cuando dice que las Farc no están derrotadas, no está atacando a Uribe, sino dándonos un testimonio muy valioso del real estado de la guerra por parte de alguien que la vivió por dentro. Nadie niega que la guerrilla haya sufrido golpes muy duros, pero otra cosa es la versión oficial del “fin del fin”.

Cuando afirma que no hay contradicción entre un Acuerdo Humanitario y la seguridad democrática, no está sino ratificando una verdad que el Gobierno tercamente se ha negado a entender, pese a que el presidente Obama también se los recordó el día de su posesión, cuando aseveró que el dilema entre seguridad e ideales es falso.

 En vez de escandalizarse por la lucidez de Alan Jara, el país debería preocuparse más por la conducción errática que Uribe les dio a las liberaciones y le ha dado a este conflicto que aún se niega a reconocer. Nunca supimos si fue la Virgen de los Remedios o doña Lina Moreno quien lo iluminó para que reversara decisiones tomadas en caliente, que no sólo ponían en peligro la operación humanitaria sino que reflejan la forma impositiva y emotiva con la cual maneja asuntos de Estado.

Confundir el derecho de los periodistas a cubrir un evento de interés público (y por tanto a los ciudadanos y ciudadanas de estar informados) con la “exaltación del terrorismo” es mucho más que una frase desafortunada: constituye un ataque a la libertad de prensa y a la integridad personal de muchas personas.

Afirmar que “la paz no se puede manejar con oportunismo político” por parte de quien se ha hecho elegir y reeligir sobre la popularidad de la guerra, que tiene el Ministro de Defensa más pantallero de la historia y que montó el show mediático más espectacular jamás visto con la ‘Operación Jaque’, es una muestra de su cinismo absoluto.

El Gobierno debería, más bien, seguir el ejemplo de Piedad Córdoba, que en medio de incontables obstáculos y aguantando toda clase de improperios, insultos y agresiones por parte de las barras bravas del furibismo, ha obrado con dedicación y discreción, que hasta el propio Uribe por fin tuvo que reconocer.

 danielgarciapena@hotmail.com

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