Opinión |2 Mar 2009 - 9:28 pm

Iván Mejía Álvarez

Hablemos Claro

Dejémonos de vainas

Por: Iván Mejía Álvarez

Se acabó la historia, el morbo del cambio llegó a su final y el fútbol seguirá siendo fútbol, con sus vicios y virtudes, con sus alegrías y tristezas, con sus miserias y bendiciones.

Los venerables patrones del sacro reglamento del juego de la pelota dieron su veredicto y las variantes que iban a convertir el  fútbol en un baloncesto o un voleibol, donde las reglas parecen de caucho y son susceptibles de modificarse cada año, ya son cosa del pasado. Hasta una próxima reunión de los octogenarios integrantes del Board cuando algún ocurrente propondrá nuevamente cambiar el fútbol para “hacerlo más dinámico y más justo”, dicen ellos, mientras que otros seguirán apelando al tema tecnológico como punto de partida en una discusión de nunca acabar.

El error arbitral forma parte del juego y en un deporte donde la apreciación es subjetiva siempre habrá espacio para los fallos y los aciertos. El baloncesto, con toda la tecnología a su favor, con dos árbitros, tiene deficiencias de concepto. No existe la perfección en el juzgamiento.

Introducir el concepto de una tercera tarjeta es una medida llena de buenas intenciones pero poco práctica y modifica sustancialmente el espíritu del juego. No es válido imaginar un partido con nueve futbolistas de un equipo contra ocho del otro sencillamente porque en determinado momento el árbitro ha excluido temporalmente jugadores de ambos equipos. Es desnaturalizar la táctica, cambiarle el espíritu al fútbol.

Es válido pensar que no se debe sacar la misma tarjeta amarilla a un jugador que pega una violenta patada a un rival que al futbolista que sencillamente hiere el amor propio del árbitro al reclamarle por una sanción. Pero, allí no hay error de reglamento, allí lo que existe es un fallo de apreciación y el buen árbitro, tendrá suficiente categoría para aplicar parámetros diferentes. Con una tercera tarjeta no se arregla el tema de la discrecionalidad del juez. Tampoco resulta inteligente meterle más árbitros. Ya existe suficiente “burocracia” con el cuarto juez que sirve poco.

Lo digo en primera persona: me gusta el fútbol tal cual como es, como siempre lo he conocido, con virtudes y miserias, antes que un juego tecnológico lleno de cámaras y micrófonos. Dejémonos de vainas, el fútbol es fútbol porque con dos piedras se arma una portería y se puede jugar en cualquier peladero, por eso es el deporte más lindo del mundo. Y, particularmente, no lo quiero como el más justo, lo amo por ser el más divertido.

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