Gustavo Duncan 31 Mar 2009 - 10:52 pm

El problema de los valores

Gustavo Duncan

UNA DE LAS EXPLICACIONES RECUrrentes a las situaciones de crisis del país es la falta de valores. La corrupción, el narcotráfico se explican porque los colombianos no tenemos fuertes convicciones religiosas, no creemos en la honestidad o porque queremos enriquecernos sin mayor esfuerzo. Las explicaciones, si bien no son falsas del todo, tienen demasiado de ingenuidad y de simpleza.

Por: Gustavo Duncan
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La realidad rebasa tales supuestos. Los valores ciertamente existen como parte de la organización de la sociedad. Pero no puede llegarse a simplificar la naturaleza de situaciones sociales indeseables como el resultado mismo de un valor negativo.

Por ejemplo, no puede llegarse a la conclusión de que si en una sociedad existen muchos criminales se debe a que sus miembros no valoran la moral religiosa y la ética del trabajo duro sino que valoran la delincuencia y la pereza. La realidad muestra que los narcotraficantes son bastante creyentes y de hecho trabajadores. La industria de las drogas no genera ‘dinero fácil’. Por el contrario, exige mucho trabajo, organización y disciplina, para evitar que la mercancía sea decomisada por las autoridades o robada por otros criminales. Se trata más bien de ‘dinero rápido’.

En la práctica los valores sociales influyen de forma más compleja y espontánea en la producción de situaciones de crisis. Los individuos desarrollan hábitos y actúan de acuerdo con algunos valores establecidos como propósitos sociales. Y es cuando aquellos referentes que se establecen como propósitos sociales no cuentan con un soporte en el resto de valores que condicionan su logro, que los resultados pueden ser críticos.

Un ejemplo al respecto sucedió en la pasada asamblea de accionistas de Ecopetrol. Varios propietarios de una o dos acciones argumentaron que la compañía debía contratar a sus hijos y familiares desempleados. El razonamiento era simple, si somos los dueños de la compañía por qué no contratamos a los nuestros. En este caso el propósito de la democratización de la propiedad se estrella con un valor social imperante en Colombia: el uso de lo público para el beneficio privado y la primacía de las relaciones de parentesco sobre los méritos individuales. La diferencia entre estos pequeños propietarios de acciones y los grandes cacaos y políticos no está en su concepción del papel de los méritos individuales en la asignación de un cargo, sino en que los primeros no tienen el poder suficiente para nombrar a sus allegados.

Igual sucede con propósitos más importantes para el país. La paz y el desarrollo económico son dos de los principales objetivos del país.  Sin embargo, varias creencias y predisposiciones muy arraigadas dentro de los valores de la población se anteponen. Es así que muchos colombianos prefieren mantener sus privilegios en temas tributarios o de propiedad inoficiosa de la tierra, o prefieren hacer uso del clientelismo para garantizar su acceso al Estado, que cambiar estas prácticas culturales que en últimas son un condicionante para el logro de la paz y el desarrollo.

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