Opinión |3 Abr 2009 - 11:00 pm

Lucas Ospina

Ser dúctil

Por: Lucas Ospina

Un joven artista fue escogido por un periódico como noticia cultural, el medio de comunicación lo había incluido en un “top 10” de promesas del arte nacional; el artículo es recurrente en la prensa, la inquietud emerge cada cuatro o cinco años, a los lectores los trabaja el olvido y el hambre se junta con las ganas de comer:

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el informe periodístico se arroja facultades de oráculo cultural y algunos artistas, previo “lobby” galerístico, posicionan firma y estilo, y devoran la cámara en pose de roqueritos de la plástica (la prueba reina de su éxito es recibir una llamada de la tía jubilada en el olvido que les dice: ¡Mijo (o mija), te ví en el periódico!)

Fotográfo y periodista llegaron al taller del artista, con apatía escanearon las obras y le pidieron que posara frente a una de ellas. El artista dijo que prefería no hacerlo, con la foto de las cosas bastaba. El periodista insistió, invocó el rigor de la escogencia y el deber de informar, dijo que el anonimato solo producía un efecto contrario, la gente iba a querer saber más, no se puede huir de la fama ¿por qué no comenzar desde ya? El artista no comió cuento, insistió que obra y nombre bastaban, que el artículo era para culturares, no para Caras, Gente o Jet-Set (revistas, por cierto, muy sinceras: muestran “caras”, “gente” y “jet-set”). El fotógrafo hizo algunas tomas de las obras y el periodista resignado dijo adiós. El artículo apareció impreso, pero el artista desapareció de la lista, pasó al “Top 0”. Si en la foto de fútbol no hay juego sin balón, en la foto de arte el creador es la pelota. Pero la noticia sirve, con ella se envuelven aguacates que, como muchos frutos jóvenes de la cultura, maduran a punta de periódico.
 
En la tragicomedia del artista como “artista” no solo actúan jóvenes, también hay veteranos que se ven a gatas, literalmente: “Agáchese, eso, quieto, ahí”, les dice el fotográfo, y así quedan, pasan de iconoclastas a icono. Sus ideas se convierten en “jingle” que pega entre periodistas, galerístas y coleccionistas. Usan de la beneficencia y se dejan abusar: arborizarte, mariposearte, sodomisarte… Y, sobre todo, se portan bien: son dúctiles, pretenden no tener pretensión, critican los problemas del mundo pero no critican —al menos en público— al mundo del arte (no muerden la mano que los alimenta). Y a final de mes el balance positivo de ingresos egresos todo lo justifica, hay papelitos que ni venden, ni se pueden exponer: cuentas de luz, agua, teléfono, educación, salud, pensiones, créditos…

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