Por: Klaus Ziegler

Los premios Ig Nobel

Desde 1991, un comité internacional coordinado por los editores de Annals of Improbable Research, una revista dedicada al humor científico, elige a los ganadores del premio Ig Nobel (“ignoble” en inglés significa innoble, ordinario), una parodia del Premio Nobel, que se otorga a aquellos investigadores cuyas contribuciones se caractericen por tratar asuntos irrisorios, inútiles o ridículos.

Cada año se conceden diez premios, seleccionados según el criterio de su fundador, Marc Abrahams, por ser investigaciones que “no pueden o no deben ser reproducidas”. Los galardones son presentados por un Nobel real, en una jocosa ceremonia que se realiza en octubre en la Universidad de Harvard. El premio fue creado con la intención de hacer reír y hacer pensar, y mostrar que la ciencia puede llegar a ser una actividad entretenida.

Entre las investigaciones más curiosas y divertidas se encuentran las siguientes: “Tratamiento agudo de penes atrapados por cremalleras”, que le mereció el Ig Nobel de Medicina 1993 a James F. Nolan y a su grupo de “médicos misericordiosos”; y un profundo estudio titulado “Cuerpos extraños en el recto: informes de casos clínicos”, que les valió el premio a David Busch y James Starling, en el que se hace referencia a un paciente al que se le encontraron en el trasero un par de gafas, unas llaves, una pipa y una revista, y el de un convicto al que casi no le extraen una pequeña caja de herramientas. El premio de Salud Pública 1996 se les confirió a los noruegos Ellen Kleist y Harald Moi por sus investigaciones sobre la transmisión de la gonorrea a través de muñecas inflables.

En 2001, el premio de Economía fue para Joel Slemrod, de la Universidad de Michigan, y Wojciech Kopczuk, de la Universidad de British Columbia, por su conclusión de que la gente encuentra maneras de posponer su muerte cuando esto les reporta ventajas fiscales. Al Parlamento Nacional de Taiwán le fue concedido el de la Paz por demostrar que es preferible que los políticos se peleen a puñetazos y patadas, a que les declaren la guerra a otras naciones.

Hasta ahora ningún colombiano ha recibido este homenaje, aunque el escritor Fernando Vallejo merece de sobra el de Biología y el de Física, por sus dos revolucionarias obras científicas: La tautología darwinista y el Manualito de imposturología física, dos libritos en los que el autor logra la extraordinaria proeza de refutar a Darwin, Newton y Maxwell, proponer una nueva ley de la gravitación universal, dejar por el piso a Einstein y desenmascarar las imposturas cuánticas del siglo XX.

 

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