Uriel Ortiz Soto 29 Abr 2009 - 9:32 pm

¿Existen partidos políticos en Colombia?

Uriel Ortiz Soto

Considero que no. Tal cual están concebidos, estructurados y liderados, no puede decirse que son instituciones democráticas en las cuales los ciudadanos que acuden a las urnas puedan confiar.

Por: Uriel Ortiz Soto
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Si en Colombia, existieran partidos políticos responsables e idóneos, con plataforma ideológica bien definida, consciente de las responsabilidades que adquieren con sus electores frente a la administración pública, no estaríamos padeciendo semejante incertidumbre para las próximas elecciones.

La nueva reforma política, que indudablemente se convertirá en Ley; no pasa de ser una burla para el Pueblo Colombiano. Lamentablemente, tal cual están concebidos y administrados los partidos políticos, hay que definirlos como escenarios grotescos que son utilizados de comodín para llevar a cargos por elección popular a cientos de delincuentes de cuello blanco, que al final, resultan toda una estafa para sus regiones y electores, con enorme deterioro y postración para los departamentos y municipios que los eligieron con el aval de los directorios y movimientos políticos.

Como la campaña que terminará en el 2010, con la elección de nuevo presidente, renovación de las Corporaciones Legislativas y elección de alcaldes y gobernadores, paulatinamente empieza a tomar fuerza, y los candidatos aspirantes a aceitar su maquinaria; es muy importante que el País, tome conciencia por quién se va a votar, toda vez que está plenamente demostrado que los partidos y movimientos, - con lo que ha ocurrido en los últimos años-, no son prenda de garantía para liderar elecciones limpias y transparentes.

La reforma política que se debate en el Congreso, no es  ni siquiera la más mínima aspiración de quienes añoramos una nueva clase dirigente eficiente y honesta, con clara concepción de lo que debe ser la administración pública y el servicio a las comunidades. Todo indica que semejante esperpento será aprobado, dando paso a que se institucionalice la corrupción en todos sus órdenes. Fueron muchos los debates, foros y seminarios, que se convocaron en universidades y centros académicos, para estructurar un proyecto de reforma política, de cara a las más urgentes necesidades del País, con el fin de darle nuevo aire a la administración pública desde las corporaciones legislativas y cargos por elección popular; pero, todo fue inútil, más pudo el caciquismo, clientelismo y corrupción, que, las buenas intenciones de quienes los promovieron.

Si hacemos un análisis sobre los partidos políticos en Colombia, centrado en la razón y la lógica, a la luz de las obligaciones y deberes que tiene el Estado, para con el desarrollo de las regiones y el bienestar de sus gobernados; podríamos decir que, en nuestro medio no existen. Ni los dos partidos tradicionales, ni ningún otro, que se haya formado producto de un acontecimiento muchas veces anacrónico, suele reunir los espectros de modo tiempo y lugar en la órbita del Estado de Derecho.

Diríamos que son simples montoneras de ciudadanos que se organizan temporalmente con fines electoreros para promover candidatos y posteriormente usufructuar algunos de sus beneficios. Nuestros partidos y movimientos políticos, aunque están definidos y reglamentados por la Constitución Política del noventa y uno, como organizaciones jurídicamente válidas para ejercer proselitismos, no tienen la esencia de los de otros países, que, en su: gestión, constitución y formación, han agotado todo un proceso de estudio sociopolítico; ideales y necesidades básicas, de quienes aspiran conformarlo.

Todos somos conscientes que, desde las épocas de nuestra independencia, siempre ha existido en Colombia, la anarquía política con consecuencias gravísimas para el ejercicio de poder, pero que, ya está llegando a términos insostenibles.

La falta de un Estatuto Político, lo suficientemente claro, serio y coherente con las necesidades básicas del País, ha llevado a la generación de todo tipo de vicios electorales que finalmente terminan en organizaciones delictivas incrustadas en las altas, medias y bajas, esferas del Estado, con graves escándalos nacionales e internacionales, como los que estamos padeciendo. Para frenar el caciquismo político por ejemplo, no existe ningún antídoto jurídico, ni constitucional. Muy campantes regresarán los caciques, corruptos y clientelistas, a sus réditos, como las negras golondrinas, para continuar empañando la pureza de la Administración Pública y saqueando el Estado.

Siempre he creído, que la Reforma Política, que el País necesita, debe hacerse mediante Ley Orgánica, proyecto que debe ser redactado y debatido con la participación ciudadana, donde estén representados todas las instancias de la vida nacional, para que una vez se agote este proceso, se vote mediante vía Referendo.

Comunidad y Desarrollo

urielos@cable.net.co

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