Por: José Fernando Isaza

La autoayuda y las matemáticas

SI USTED DISFRUTA LEYENDO LOS libros de autoayuda, de las curaciones por intervención de los ángeles, si cree que en realidad Colombia es el mejor vividero del mundo, si vibra con frases tan profundas como “Solos no podemos, pero entre todos lo lograremos”.

Si está convencido de que sólo el optimismo nos permitirá superar los obstáculos y que los pesimistas deben ser erradicados de la faz de la Tierra, si piensa que es efectiva la curación cuántica, si considera que quienes señalan los problemas son malos ciudadanos y que lo único importante es tener una mente positiva; si está de acuerdo con frases del tenor “lo más importante es madrugar y trabajar sin descanso y con prisa”. Si piensa que hay que suprimir el consumo del café y de las bebidas oscuras por ser estimulantes y de pronto conducir a otros consumos menos aceptados socialmente; si está seguro de que todo problema tiene solución, es mejor que suspenda la lectura de esta columna.

La historia de las matemáticas no avala las anteriores hipótesis. Empiezo por las finales, Paul Erdos define un matemático como un objeto que transforma cafeína en teoremas. Contrario a la intuición, la mayor parte de los problemas interesantes de la matemática no pueden resolverse, el ejemplo más significativo son los tres problemas de la Grecia Clásica: con regla y compás, dividir un ángulo en tres partes iguales; conociendo el lado de un cubo, construir el lado de un cubo del doble volumen; construir un cuadrado cuya área sea igual a la de un círculo. Este último problema, llamado la “cuadratura del círculo”, se presta para que algunos despistados crean que los geometras griegos pensaron que era posible construir un círculo cuadrado. Casi 2.500 años pasaron para demostrar que ninguno de los problemas se pueden solucionar. A diferencia de los buenos ciudadanos para quienes lo importante es la solución, para los matemáticos un problema resuelto, generalmente, pierde interés. Su comportamiento también se aparta de los cánones de la autoayuda, ésta considera que se deben buscar soluciones y no problemas, los matemáticos si encuentran una solución casi de inmediato buscan un nuevo problema. Por supuesto que la difusión de la información permite conocer qué está investigando la comunidad matemática, pero su accionar difiere del promocionado trabajo en equipo, del “Todos remamos del mismo lado”. Generalmente buscan caminos diferentes e inesperados para atacar un problema o para demostrar una conjetura.

Si bien existen premios con jugosas bolsas para quienes resuelvan los problemas propuestos por Landon Clay, que alcanzan el millón de dólares, una mayor motivación es la gloria y el honor. Así, la medalla Fields que se otorga cada cuatro años, una especie de Premio Nobel, no tiene recompensa monetaria.

La comunidad respeta la propiedad intelectual, pero no les otorga tanta importancia a los derechos patrimoniales. Hasta donde sé, no hay ningún teorema patentado ni ningún número primo registrado. Una excepción parece ser la patente de un procedimiento de transformada rápida de Fourier. La matemática se ha desarrollado sin recurrir al concepto de patentes y regalías.

Otro mal ejemplo. El más grande genio de Occidente, Isaac Newton, utilizó su poder para nombrar el jurado que definió quién inventó el cálculo diferencial, si él o Leibnitz. Este mal ejemplo ha sido seguido por los gobernantes que eligen a quienes los juzgan.

*Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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