Opinión| 1 Jul 2009 - 9:23 pm
Adictos y adicciones
Por: Klaus Ziegler
Conocí a un fumador empedernido que murió de enfisema, y que en su lecho de muerte sólo se quitaba la mascarilla de oxígeno para fumar. Y a una mujer que se enamoró del mejor amigo de su marido y prefirió suicidarse antes que destruir su matrimonio y perder a sus hijos, al verse incapaz de renunciar a ese gran amor.
Las drogas, igual que el sexo, aumentan los niveles de dopamina, noradrenalina y serotonina, lo que se traduce en una sensación de intenso placer. Pero existen otras formas de aumentar los niveles de estos neurotransmisores, como fumar o comer. Al fumar, la nicotina afecta las neuronas que producen acetilcolina y activa la producción de dopamina, lo que también ocurre cuando saciamos el apetito.
Esto hace que dejar de fumar o seguir una dieta requieran una voluntad sobrehumana. Las estadísticas muestran que 95% de las personas que se someten a un régimen para bajar peso vuelven a recuperar los kilos perdidos a los pocos meses, a medida que la voluntad se va extinguiendo. Ni Santo Tomás, consciente del pecado de la gula, fue capaz de controlar su apetito, hasta el punto de que hubo que recortar su mesa de trabajo para que pudiera encajar en ella su enorme barriga.
No es sorprendente que la naturaleza haya descubierto mecanismos que funcionan en forma independiente de nuestra voluntad y que nos incitan a buscar estímulos para la supervivencia. Apenas ahora comienzan a dilucidarse los procesos neurológicos del placer, el displacer y la adicción.
Toda sustancia psicoactiva se caracteriza por alterar la función del sistema dopaminérgico. Cuando consumimos una droga se produce un incremento en los niveles de dopamina y otros neurotransmisores, que alteran los receptores a los cuales éstos se adhieren, haciéndolos cada vez menos sensibles, lo que hace que el consumidor requiera la droga con una frecuencia cada vez mayor hasta volverse adicto.
Es curioso que muchos políticos estén convencidos de que los adictos a las drogas prohibidas no sean más que delincuentes que hay que encarcelar o someter a tratamientos psiquiátricos al estilo de La naranja mecánica, como proponían algunos congresistas. Como si castigando al adicto se acabara con el problema.
Esta actitud no sólo es ignorante, sino hipócrita: las tabacaleras, cerveceras y licoreras han gozado de la protección oficial, a pesar de que el tabaco y el alcohol causan un daño social más grande que el de todas las drogas prohibidas juntas.
-
Klaus Ziegler
Opiniones
Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.
Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado. Regístrese o ingrese aquí
Opinión por:
jorgitoeldeleo
3 Julio 2009 - 9:26pm
Opinión por:
EdSolo
2 Julio 2009 - 7:58pm
Opinión por:
Kapitalisfobia
2 Julio 2009 - 9:45pm
Opinión por:
pedroalcantara
2 Julio 2009 - 11:35am
Opinión por:
Segregacionpatria
2 Julio 2009 - 9:55am
Opinión por:
Biofilo_Panclasta
2 Julio 2009 - 9:09am
Opinión por:
Kapitalisfobia
2 Julio 2009 - 9:47pm
Opinión por:
critica firme
2 Julio 2009 - 7:30am
Opinión por:
exon5
2 Julio 2009 - 3:27am
Opinión por:
Felipe OSORIO
2 Julio 2009 - 9:16am
Opinión por:
Madre de Certero33
1 Julio 2009 - 10:25pm
Publicidad
Publicidad
-
Nuestra edición impresa
Suscribase aquí
Suscríbase
y conozca todos los beneficios.














