Opinión| 5 Jul 2009 - 9:53 pm

María Elvira Bonilla

Al oído de Mr. Uribe

Por: María Elvira Bonilla
EL MIÉRCOLES PASADO SE REUNIEron más de 2.000 campesinos en Petaqueros, un cruce de caminos en los límites de los departamentos de Tolima y Caldas, en la vía Manizales-Bogotá.

Algunos llegaron solos, otros con sus familias y muchos jóvenes que venían en buses escalera desde veredas perdidas en Nariño (Antioquia), Samaná, Pensilvania, Manzanares, municipios del oriente de Caldas, una región tan rica en selvas, ríos y montañas como aislada por unas trochas carreteables donde con dificultad transitan vehículos distintos a los Jeep Willys o las chivas.  Los campesinos estaban alegres después de seis, ocho y hasta diez horas de camino en un periplo que para muchos había comenzado desde la madrugada anterior. No se trataba de nada distinto a un encuentro de vecinos, un convite, algo tan simple como poder disfrutar de un rato de esparcimiento, al que llegaron convocados por muchachos de la región que conforman la Legión del Afecto, un grupo de jóvenes que han logrado romper el cerco de la guerra y el miedo con música, baile, malabares y actos de solidaridad con los que a su vez se han ganado la confianza de sus comunidades.

No es fácil entender tanto entusiasmo por algo que aparentemente es tan poca cosa. Pero así es. Para quienes llevan, como estos campesinos del oriente de Antioquia y Caldas, larguísimos años de confinamiento en sus veredas,  poder tomar un bus y desplazarse con libertad y sin temores por parajes conocidos y queridos pero abandonados por cuenta de esta guerra absurda, significa mucho. Tanto, como la posibilidad de reencontrarse y conversar con vecinos, amigos y hasta parientes que durante años habían dejado de ver por la incomunicación y las dificultades para moverse. Campesinos aterrorizados y cercados por la crueldad del frente 47 de las Farc al mando de la comandante Karina —hoy en trance de convertirse en gestora de paz— y por el terror vengativo de los paramilitares liderados en la zona por Ramón Isaza en cabeza de El Gurre, quienes durante más de una década controlaron la región. Niños y muchachos que han crecido reducidos a los límites geográficos de sus veredas, porque la guerra en el campo colombiano es a otro precio y además de los muertos el aislamiento también pesa. Y mucho.

Campesinos que apenas están descubriendo el Estado a través de la presencia militar pero que quisieran conocerlo también de otra manera. Porque, como le dijo el presidente Obama al presidente Uribe en su visita a Washington, “las armas solas no bastan para derrotar a los enemigos del progreso”, y esto lo entienden mejor que nadie quienes han padecido el conflicto en carne propia y que aún no consiguen siquiera imaginar un futuro en tranquilidad y paz, con oportunidades y sueños. Una vida como la que se merece cualquier ser humano.

Llegó la hora para que quien tenga la responsabilidad de gobernar a Colombia entienda que no podemos seguirnos agotando en esta guerra inútil y costosísima, y que es el tiempo para sembrar esperanza de manera que momentos tan simples y bellos como el encuentro de Petaqueros dejen de ser ocasionales y vuelvan a formar parte de la azotada cotidianidad de la Colombia rural.

  • María Elvira Bonilla

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Opiniones

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Borbollon

6 Julio 2009 - 10:30pm
Salí con mi familia un 23 de diciembre de 1985 de un municipio del nordeste antioqueño... salimos casi corriendo porque para una empresa extractora del oro éramos una especie de enemigos,,, Un grupo de paracos nos rondaban en una camioneta. Los llamábamos Los magníficos. Estaban haciendo limpieza social, matando a todo aquel que tuviera algún vestigio de rebeldía contra el sistema. Amigos de los Ochoa, manejaban el tráfico de drogas en la zona e imponían el terror a sangre y fuego. Hoy, más de 20 años después, ellos están en el poder, y sabe una cosa? De ahí no los baja nadie porque hasta dios está con ellos... Los pobres no tenemos otra oportunidad, los desplazados, los desempleados, los sin tierra, los inconformes, tristemente no tendremos otra oportunidad. Con este gobierno jamás.
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ovejazul

6 Julio 2009 - 4:33pm
Interesante artìculo, que demuestra con un sencillo ejemplo como el de estos hermanos campesinos, que la guerra fraticida no produce sino dolor, odio y rencor. Si el gobierno en vez de armas "armara" a la gente de mùsica, malabares, payasos, chistes, educaciòn, recreaciòn, carreteras, etcètera, disfrutarìamos otro paìs entre hermanos colombianos. No habrìa tantos impuestos para la guerra y estoy seguro que los colombianos pagarìamos sonrientes los impuestos para ayudar a los hermanos mas necesitados. RELÌJANLOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
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razare

6 Julio 2009 - 1:14pm
Dra.Bonilla. Qué bonito ejemplo el que usted acaba de mencionar. Pero sabe una cosa?. La paz en Colombia, mientras haya tanta gente y tantos grupos interesados en la guerra, les tocará talvez a otras generaciones. Ni a los ricos, ni a los políticos corruptos, ni a los empresarios, ni a los banqueros, ni a los altos funcionarios del gobierno, ni a los congresistas, ni a los militares, ni a los guerrilleros, ni a los narcos, ni a los paramilitares, les conviene LA PAZ en Colombia, por una potísima razón: SE LUCRAN DE LA GUERRA. A esos grupos, y al gobierno que quiere perpetuarse, les importa una carajo la suerte del pueblo; infortunadamente un buen porcentaje de éste no quiere darse cuenta de ello. Qué tristeza.
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Segregacionpatria

6 Julio 2009 - 11:56am
Anda niña, como gusta tu clolumna por las verdades que dices; lástima que no alborotan a los que no tienen vivienda digna, a los que no tiene salud, ni trabajo y educación. ¡Pero! hay un enemigo grande al que hay que combatir por medio de la seguridad democrática y así, con el fervor patriótico de los ilusos, repartir plomo para el deleite de los que se alegran con ver derramar sangre de pobres. Por eso no les quieren reparar los daños, pues los muertos por los uniformados, son casi siempre, según ellos, enemigos de la seguridad homicida. No hay que desconocer, es buena entretención patriótica, niña, su nota, pero a la mayoría ni nos va ni nos viene lo que por allá truene; pues ya sabemos en qué fosa vamos a quedar. No olviden la cédula, o un tatatuaje para que los reconozcan. Alabado.
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hbpsentipensador

6 Julio 2009 - 9:58am
Muy interesante la columna pero el título no cuadra. Mr uribe lo máximo que opinará de esta columna es que: "SON CUENTOS DE LOS INTELECTUALES DE LAS FARC". Esto debe estar dirigido a los colombianos que, a pesar de todo, no hemos perdido la esperanza de tener, algún día, una patria digna y amable que tenga como principal objetivo el bienestar de sus habitantes y el respeto a las diferencias, a la constitución y sobre todo a la vida y a la dignidad humanas.
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Fernando Madroñero

6 Julio 2009 - 5:03am
Bastante aceptable esta columna, solamente quienes por diferentes causas hemos tenido que ser testigos de primera mano de la guerra demencial tenemos alguna idea de lo que significa, lamentablemente olvida una cosa: La guerra, así como la educación y la salud, en esta finca son un negocio, el más rentable quizá, por eso, para acabarla, hay es que exterminar también a los que la patrocinan, sostienen o mantienen: policía, guerrilla, ejército, paracos, narcos, curas, oligarcas, hacendados, políticos...etcétera, lo demás es dar palos de ciego...
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Segregacionpatria

6 Julio 2009 - 11:56am
Anda niña, como gusta tu clolumna por las verdades que dices; lástima que no alborotan a los que no tienen vivienda digna, a los que no tiene salud, ni trabajo y educación. ¡Pero! hay un enemigo grande al que hay que combatir por medio de la seguridad democrática y así, con el fervor patriótico de los ilusos, repartir plomo para el deleite de los que se alegran con ver derramar sangre de pobres. Por eso no les quieren reparar los daños, pues los muertos por los uniformados, son casi siempre, según ellos, enemigos de la seguridad homicida. No hay que desconocer, es buena entretención patriótica, niña, su nota, pero a la mayoría ni nos va ni nos viene lo que por allá truene; pues ya sabemos en qué fosa vamos a quedar. No olviden la cédula, o un tatatuaje para que los reconozcan. Alabado.
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