Opinión |8 Sep 2009 - 10:17 pm
Los invisibles de la política
Por: Fernando Carrillo Flórez
REVIVIDO EN LOS ÚLTIMOS DÍAS EL debate sobre las cifras de pobreza y desigualdad, vale la pena señalar la poca atención que se ha puesto a una de las tareas sociales más postergadas por el Estado: la protección de la infancia.
El bienestar de los niños nunca ha liderado las preocupaciones centrales de las políticas sociales ni las prioridades de la agenda de las políticas públicas. Las políticas estatales frente a la infancia han sido un apéndice de otras políticas y por ello hay poca investigación en la materia, pocos datos para comparar y marginales recomendaciones de política. Los niños son estadísticamente irrelevantes, políticamente invisibles aunque electoralmente explotables.
La OECD publicó la semana pasada en París por primera vez un informe sobre el tema (Doing Better for Children, OECD, 2009) que viene a llenar un vacío en un sector condenado por muchos a ser materia de la filantropía o del clientelismo y no objetivo irreemplazable de una política de Estado para luchar contra la pobreza. El informe se centra en diversos indicadores de bienestar infantil en los países de la OECD, como el bienestar material, la vivienda, la educación, la salud, los comportamientos de riesgo y la calidad de la vida escolar. Analiza no sólo cuánto gastan los países en los niños, sino cuándo y cómo lo hacen. Una de las conclusiones es la insatisfacción en materia de resultados frente a los indicadores. Si así está el club de los ricos, fácil es imaginarse cómo se verían reflejadas las políticas de infancia del mundo en desarrollo.
Para resaltar aparece una tendencia grave consistente en gastar más en los niños de mayor edad que en los pequeños. El gasto social es bajo en el primer tercio de la infancia (0 a 5 años), juzgado como el momento de mayor efectividad de la intervención pública para luchar contra la pobreza y combatir la transmisión de la desigualdad de una generación a la siguiente. El informe destaca también que pese a una inversión excesiva en cuidado posnatal, los recursos podrían concentrarse más en los menores en situaciones de mayor riesgo y vulnerabilidad.
Una lección de equidad muy relevante para países como el nuestro donde el desafío de protección a los niños desplazados y otros en situación de riesgo debería ser la prioridad. La inversión temprana en la pequeña infancia es esencial y marca una gran diferencia si se orienta a los más vulnerables, esa gran mayoría en esta Colombia. Y aunque nuestro país está fuera del estudio, cabría preguntarse, por ejemplo, si las transferencias condicionadas en efectivo para proteger al menor son la terapia adecuada; si son eficaces para combatir la pobreza infantil; y si así es, en qué etapa de la infancia. Si el síndrome del “niño con subsidio bajo el brazo” es una herramienta idónea de bienestar o quizás un recurso populista cortoplacista inocuo.
Cuando aquí baje el ruido de la política menor, éste debería ser uno de los grandes debates del futuro en Colombia, susceptible de incorporarse en una agenda suprapartidista de Estado que comprometiera a los próximos gobiernos, gane quien gane. Pero tal vez hoy es un sueño tan infantil como la población cuyo porvenir no debería quedar al vaivén de las jugarretas de la política electoral.
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