Por: Catalina Ruiz-Navarro

Colombia es poison*

Encontré en YouTube el desagradable video Colombia 2025, que presume que en dos décadas seremos un país del primer mundo.

Colombia 2025 sostiene que nuestra imaginación y talento son suficientes para salir del hueco y que nuestro país puede cambiar con cuentas alegres y pajazos mentales que guarden  esas cosas desagradables como la pobreza y la corrupción bajo la alfombra.

Aparentemente es nuestra actitud derrotista lo que tiene jodido al país y al montarnos en el bus del pensamiento positivo todo mejorará. La línea de tiempo que el video propone comienza, evidentemente, en el 2002, con una foto de Uribe, a la que le sigue una de la liberación de Ingrid, que se ha convertido en una especie de cinco-a-cero político. Gracias a nuestra “capacidad de soñar” (frase de cajón de reina de belleza) podremos repensar el país sobre los pilares de la “biodiversidad, las industrias de la creatividad y las energías alternativas”. El gran logro que impulsa estos eventos es que Cristian Samper fuera nombrado director del Smithsonian, lo cual, según la lógica de Colombia 2025, se traduce en avances científicos que en el video se ilustran con una serie de símbolos del horóscopo (tal vez la astrología es la ciencia de los sueños).

El país, por razones gratuitas e inexplicables, se dedica en el video a “la biotecnología, el biocomercio y los servicios ambientales”, disciplinas abstractas que tal vez venimos cultivando hace rato; si entendemos la biotecnología como el desarrollo de mejores cepas de marihuana, el biocomercio como la trata de blancas (más bien trigueñas) y los servicios ambientales como la caza de hipopótamos. El video propone cosas tan descabelladas como una biópolis en Villavicencio, probablemente construida encima de la famosa discoteca Capachos, para disgusto de muchos, y unos tales biocorredores que atravesarán Colombia, un país que ni siquiera ha terminado de construir sus carreteras.

El video, más que orgullo patrio, produce tristeza. Es evidente que Colombia 2025 tiene proyecciones muy ingenuas, pero lo más macabro es su premisa base, que es la misma de Colombia es pasión y de todo el cuento de volver nuestro país una marca que resulte atractiva para la inversión extranjera. La premisa, cuya base es el olvido,  es una negación que nos envenena.

Colombia 2025 no está llena de esperanzas, está llena de odio, es un proyección de un país que de desconoce a sí mismo, Colombia 2025 se construye con colombianos a quienes sí les sabe a bueno el trago extranjero, con un orgullo patrio arribista que aspira a un futuro aséptico en el que pareceremos (no seremos) un país del primer mundo. Las imágenes, aunque van acompañadas de la palabra “diversidad”, muestran una proyección homogénea, aburrida y poco original que contradice “nuestro potencial creativo”, y que evidencia la vergüenza que nos da tener el país que tenemos. Preferimos olvidarlo con un maridaje entre imágenes de archivo y pensamiento positivo.

Tal vez eso es el tal pensamiento positivo, un delirio de grandeza que cambia “mi vida es un desastre”  por “todo es posible” aunque la segunda afirmación no vaya acompañada de esfuerzo alguno. O tal vez sí, hay un esfuerzo por olvidar. Colombia 2025 concluye con que los tiempos malos del país son recuerdos lejanos que se desvanecen en las mentes de los más viejos. En solo 25 años se han olvidado los falsos positivos, los desplazados y la pobreza. ¿Cómo podría ser la violencia del país un recuerdo difuso? ¿Con lobotomía gratis impartidas por la Eps? Ese desconocimiento de la historia del conflicto colombiano es lo que nos tiene hoy dando tumbos como gusanos ciegos apostándole al primer pseudomesías que aparezca; y construyendo castillos en el aire que se desvanecen con un soplo. Nuestra memoria carcomida no es un buen cimiento para nada de lo que este video propone.

Colombia se envenena de inconsciencia, al mediocre se le dice “bonachón”, a la hamponería “malicia indígena” y a la improvisación profesional “emprendimiento recursivo”. Colombia se envenena de olvido porque pensamos que lo nuestro es un problema de imagen que se arregla pintando la fachada, y nos encanta la leve traba que provoca el olor de la pintura. Colombia es veneno porque nos bogamos la estética boba de Colombia es pasión, es veneno porque nuestro positivismo es puro Valium político, “olvido positivo” que nos corroe por dentro para dejar un cascarón enclenque, bonito e intoxicado de vergüenza: un futuro sin pasado.

*Celebre status de Facebook de Jota Montoya.

catalinapordios.blogspot.com

Buscar columnista

Últimas Columnas de Catalina Ruiz-Navarro