Opinión |16 Sep 2009 - 9:49 pm

José Fernando Isaza

De cafeína y Alzheimer

Por: José Fernando Isaza

EL NEUROCIENTÍFICO RODOLFO Llinás, en las recientes conferencias realizadas en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, presentó algunas hipótesis sobre las probabilidades que tiene una persona de desarrollar el Alzheimer.

Las conclusiones no son muy halagadoras, parecería que los ejercicios intelectuales como la lectura, jugar ajedrez, resolver crucigramas e interactuar socialmente no necesariamente disminuyen la probabilidad de desarrollarla.

No se ha logrado diferenciar la causa del efecto; las personas que tienen menor propensión al Alzheimer, a la vez tienen mayores incentivos intelectuales para leer, aprender poesías, resolver problemas de lógica, hacer crucigramas o resolver jeroglíficos. De todas formas, planteaba que el cerebro es un órgano como cualquier otro y si no se ejercita se atrofia.

Hizo mención a estudios que muestran correlaciones negativas entre el consumidor de café y una menor prevalencia del Alzheimer. Sin embargo, nuevamente, no es posible distinguir causas y efectos. Simplificando, la humanidad se divide entre tomadores de café, de té, y el resto. Generalmente, los tomadores de café, fuerte puede añadirse, tienen características de gustarles la tertulia, la lectura y algunos vicios solitarios como la solución de acertijos. En los consumidores de té, y de café aguado, estas características son menos pronunciadas. No hay estudios sobre los no bebedores de té o café. Nuevamente parece que quienes disfrutan el café tienen menos tendencia genética a desarrollar Alzheimer, y esto no depende de las actividades correlacionadas. Por lo tanto, el tomar café, no como estimulante suave y efectivo, sino en grandes dosis con la esperanza de evitar la aparición de tan aterradora enfermedad, puede no evitarla y producir gastritis.

Es difícil no hacer la analogía con la doctrina calvinista de la salvación. De acuerdo con Calvino, sólo una pequeña parte de la humanidad puede aspirar al paraíso y su logro depende más de la fe que de las obras; existe una señal que permite saber si se es elegido y esta es la riqueza. Sin embargo, esta condición es necesaria, pero no suficiente; la falta de éxito económico impide la salvación, pero la acumulación de riqueza no la garantiza.

Volviendo al café y a los juegos intelectuales, es mejor recurrir a ellos como medida, si no preventiva, al menos de disfrute de la vida y entrenamiento del cerebro.

La electroquímica del cerebro explica buena parte de la actividad neuronal; por lo tanto, las investigaciones para prevenir y reducir el impacto de la enfermedad se orientan a evitar la acumulación de las proteínas beta-amilosidas. Un remedio que permitirá recordar que hubo una época en el país en la que se creía que la democracia no era la aniquilación de las minorías y que la separación de los poderes era condición necesaria para su existencia.

Tal vez la poca memoria colectiva está asociada con el bajo consumo del café. Si Colombia tuviera el mismo consumo de café por habitante que los países escandinavos, la cosecha cafetera sólo alcanzaría para el consumo interno.

En alguna ocasión le preguntaron al profesor Llinás si la radiación electromagnética emitida por la televisión hacía daño para el cerebro. Contestó que sí, pero no por la radiación sino por la estupidez de muchos de los programas.

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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