Opinión |17 Sep 2009 - 8:41 pm

Juan Carlos Botero

“¡Mentiroso!”

Por: Juan Carlos Botero

NO SÓLO FUE EL INCIDENTE MÁS inelegante que ha ocurrido en tiempos recientes en el Congreso de los Estados Unidos, sino que fue el más descarado.

Cuando el republicano de Carolina del Sur Joe Wilson interrumpió al presidente Barack Obama durante su conmovedor discurso sobre la perentoria reforma sanitaria de su país, lanzando el grito vulgar de “¡Usted miente!”, Wilson no sólo dejó en claro su falta de modales, su intolerancia y su racismo, sino también su ignorancia histórica.

La verdad casi nunca es sencilla y cristalina, pero en esta ocasión sí lo es. Y la verdad es que no se puede ser republicano en Estados Unidos y acusar a alguien de decir mentiras, y menos a un presidente demócrata, cuando hace pocos meses concluyeron los ocho largos años de gobierno del presidente republicano más mentiroso que ha existido desde el ejemplo supremo de Richard Nixon. En efecto, ningún otro jefe de Estado en la Casa Blanca hizo tanto como George W. Bush para pisotear la verdad, tergiversar los hechos, ocultar de la luz pública las perversas maniobras del Ejecutivo y silenciar a la oposición mediante chantajes patrióticos, y todo en aras de adelantar una agenda de gobierno que buscaba favorecer a los que ya eran favorecidos por el dinero y el poder: el uno por ciento de la población norteamericana.

Sin duda, durante la nefasta administración Bush hubo demasiadas oportunidades para que alguien se levantara de su silla, ya fuera en la imponente sala del Capitolio, en el salón de clases de algún colegio, en las aulas de cualquier universidad o en el hogar de todos los ciudadanos, para gritarle al mandatario: “¡Mentiroso!”. Por ejemplo, cuando Bush dividió puerilmente el mundo entre “buenos” y “malvados”. O cuando aseguró en boca de su ministro de Defensa que Irak poseía armas nucleares. O cuando denunció que había una relación directa entre ese país y Al Qaeda. O cuando señaló que el nuevo enemigo mundial no era Osama bin Laden sino, inexplicablemente, Saddam Hussein. O cuando prometió que las tropas americanas serían recibidas en Irak como libertadoras. O cuando declaró que su gabinete disponía de un plan para después de la invasión. O cuando afirmó que su gobierno jamás torturaría a nadie, a la vez que sus asesores buscaban fisuras en las leyes para justificar la barbarie y sus soldados reventaban presos en Abu Ghraib y Guantánamo. O cuando aseveró que las licitaciones para la reconstrucción de Irak se otorgarían de manera justa y transparente, mientras las poderosas multinacionales, como la ex empresa de su vicepresidente, se repartían bajo la mesa los jugosos contratos. O cuando descendió de un bombardero vestido como un niño en disfraz de piloto de guerra y proclamó feliz: “¡Misión cumplida!” O cuando rebajó los impuestos de los más ricos para ayudar a los más pobres, con lo cual sólo infló el patrimonio de los primeros y aumentó el número de los segundos. O cuando anunció que la economía iba por buen camino, al tiempo que se desataba la peor crisis económica desde la Gran Depresión.

En suma, que un republicano acuse a Obama de decir mentiras es algo tan insólito que sólo se le podría ocurrir a un calumniador como Joe Wilson. O a un mentiroso profesional como George W. Bush.

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