26 Sep 2009 - 3:18 am

Reflexiones del general Naranjo

A propósito de las afirmaciones publicadas por el diario El Espectador en el marco de una entrevista realizada al narcotraficante recluido en la penitenciaría de Cómbita Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario, con las cuales ha pretendido afectar mi integridad y minar la confianza y credibilidad que han depositado los colombianos después de 30 años de servicio al país, con todo respeto me permito plantear algunas reflexiones, que considero deben abordarse para que el país finalmente logre cerrar espacios al narcotráfico y a quienes lo agencian de manera perversa agrediendo a los ciudadanos.

Por: Elespectador.com
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    http://www.elespectador.com/columna163569-reflexiones-del-general-naranjo
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Estoy convencido de que el país todo, con el liderazgo de los distintos medios de comunicación, debería resolver la pregunta fundamental sobre la vocería, la credibilidad y la audiencia que la prensa debe o no otorgarles a los delincuentes prófugos o sometidos a la ley.

En el caso particular de la entrevista a Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario, debo señalar desde mi óptica personal y con extrañeza, que no se observaron unos mínimos protocolos que la validaran, al punto que no le antecedió ninguna tarea de verificación de campo, no se apoyó en una comprobación fáctica de veracidad, estuvo ausente de una valoración crítica de la versión y no contó con un estudio detallado de las calidades del entrevistado, que como se sabe es un delincuente privado de la libertad en proceso de juzgamiento y capturado bajo mi comando y dirección.

Entrevistar y publicar la versión de los criminales es desde luego una posibilidad periodística, pero no necesariamente un imperativo profesional de los comunicadores. No publicar una entrevista que no reúna unos mínimos de veracidad, nunca podría considerarse una decisión de autocensura. Con respeto, pero al mismo con sinceridad, afirmo que la vanidad periodística no puede subordinar el principio de verdad y justicia.

Cuando pienso en la historia colombiana y su lucha contra las mafias, compruebo que la prensa en momentos decisivos y frente a desafíos lanzados contra la institucionalidad por el narcotráfico, tomó decisiones verdaderamente heroicas. Con toda admiración debo decir que por estos días evoco permanentemente la figura de don Guillermo Cano, quien enfrentó la más grande presión narcoterrorista del cartel de Medellín; sin embargo, nunca le cedió un milímetro del diario para que éste se expresará y difundiera su pensamiento mafioso y criminal.

Es verdad que los colombianos y sus autoridades, bajo el liderazgo del Gobierno actual, hemos avanzado en la captura de cerca de un millar de narcotraficantes solicitados con fines de extradición y que por vía del proceso de Justicia y Paz, los más peligrosos paramilitares se encuentran sometidos a la ley, lo cual no significa que estos criminales hayan renunciado a su propósito de generar anarquía, crear confusión y producir desconfianza entre los ciudadanos y las autoridades.

Por lo tanto, mantener una actitud vigilante para nunca permitir el acceso de los narcotraficantes a instancias que les permitan irradiar su mensaje mafioso debe ser en nuestra opinión un propósito de todos nosotros.

Respetuoso de la libertad de prensa, quisiera que mis comentarios nunca se llegaran a interpretar como un camino para neutralizar el ejercicio periodístico y muy por el contrario, creo que nuestros principios y valores democráticos deben ser determinantes en la solución de un problema de violencia atado al narcotráfico del cual nuestro país es víctima.

Estoy convencido de que ha llegado el momento decisivo para que la sociedad colombiana establezca unos principios de actuación que, fundamentados en un espíritu siempre libertario, impidan que la voz de los criminales determine la agenda nacional de los colombianos.

 M.G. Óscar A. Naranjo Trujillo. Director General Policía Nacional de Colombia. Bogotá.

De la Organización Cisneros

Hacemos referencia al artículo publicado el pasado domingo 20 de septiembre de 2009 sobre el proceso de licitación por el tercer canal abierto de televisión.

Como primera medida, rechazamos tajantemente cualquier mención o insinuación que relaciones a la Organización Cisneros con acusaciones infundadas de supuestas acciones ilegales e influencias indebidas. Nos extrañó ver un informe para el que El Espectador ni siquiera se molestó en buscar una declaración de los mencionados, entre otros, la Organización Cisneros.

El autor del artículo no reparó que la Organización Cisneros ha presentado sus comentarios y cuestionamientos sobre distintos aspectos del proceso de licitación del tercer canal repetidamente, por escrito y oficialmente ante la CNTV y demás autoridades pertinentes, antes y después de que fueran publicados los prepliegos el 22 de abril del año en curso, dentro de los términos establecidos por la CNTV y siguiendo estrictamente el reglamento establecido por la ley.

Por lo anterior, no nos parece que sea extraño si uno de los comisionados replica alguno de los argumentos de uno de los proponentes si está de acuerdo con ellos. Como jueces evaluadores de lo que proponen los participantes, esa es la labor de los comisionados.

El artículo de El Espectador se refiere a una presunta percepción que supuestamente confirma “lo que ya muchos comentaban en la calle”. Esta aseveración sólo trata de respaldar un argumento falso con rumores y percepciones y sin hechos. Si hay algún tipo de prueba o información sobre la posible existencia de un acto ilícito, no sólo es el deber patriótico sino la obligación legal de los funcionarios presentar la denuncia respectiva ante las autoridades competentes.

Confiamos en que las cabezas sensatas sean las que lideren este proceso de licitación y que se tomen las decisiones pertinentes para que Colombia pueda contar con más y mejores opciones en materia de televisión, en un futuro no tan lejano, y mantenga su prestigio internacional de país con una alta seguridad jurídica y transparencia.

Carlos R. Bardasano. Vicepresidente ejecutivo, Organización Cisneros.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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