Opinión |27 Sep 2009 - 7:07 pm
¡Regresa el centro!
Por: Álvaro Forero Tascón
QUIZÁS LA PRINCIPAL CONSEcuencia del resultado de la consulta del Partido Liberal sea que con su candidato regresa la opción electoral de centro a la política colombiana después de ocho años.
La importancia del hecho radica en que durante su ausencia, en las dos elecciones presidenciales anteriores, Colombia reemplazó la tradición política moderada de medio siglo por la radicalización entre derecha e izquierda, que llevó a que estemos preguntándonos si el modelo de democracia colombiana sobrevivirá al huracán caudillista que recorre la región Andina.
La consulta interna del liberalismo respondió afirmativamente la pregunta histórica que quedó colgando desde la dramática derrota de Horacio Serpa en las elecciones presidenciales de 2006: ¿podrá César Gaviria conseguir la proeza de salvar al liberalismo de la desaparición? En realidad esa respuesta ya se había empezado a responder, cuando se comprobó que el dique gavirista no sólo resistió el fuerte embate del uribismo para conseguir tránsfugas entre las huestes parlamentarias liberales, con Rodrigo Rivera haciendo de caballo de Troya, sino que el ex presidente consiguió aumentar la representación liberal, especialmente a nivel de concejales.
La supervivencia de los partidos históricos de un país no es un asunto de poca monta. En los países en que eso no sucede, generalmente no sobrevive tampoco la democracia. Porque es una excepción histórica que los partidos se reemplacen por otros de calado y significación política comparable. En las democracias genuinas los partidos tienden a durar décadas y siglos porque representan concepciones universales aplicables a casi todas las coyunturas históricas. Son pocos los episodios que modifican las condiciones políticas, económicas y sociales de manera tan drástica que jubilen a los partidos.
Que el liberalismo haya demostrado su vigencia política le va a permitir aglutinar las demás fuerzas de centro a través de una consulta interpartidista con los candidatos presidenciales de Cambio Radical, y eventualmente, de Verde Opción Centro. De esa competencia puede surgir una fuerza política que recomponga la tradición partidista que rompió Horacio Serpa cuando al buscar fortalecer al liberalismo acentuando el perfil ideológico de izquierda, le cedió a Álvaro Uribe casi la mitad del espectro político. La pérdida de la condición centrista del liberalismo le impidió entender que ante el fracaso de la política de paz de un gobierno conservador, el camino para resolver la grave crisis de seguridad no era ofrecer más de lo mismo por un apego dogmático a las negociaciones de paz, sino plantear un cambio de rumbo, firme pero democrático. De haberlo hecho en 2002, Álvaro Uribe no habría subido en las encuestas. El error histórico de Serpa de desdeñar la tradición moderada del liberalismo terminó precipitando una alianza de los sectores más clientelistas del liberalismo con el Partido Conservador, y generando una polarización política que obviamente favoreció a la derecha.
A pesar de que todas las desgracias nacionales se le atribuían a la falta de “claridad ideológica” del bipartidismo, cambiarla por los extremismos ideológicos de los últimos años no fortaleció la democracia, sino lo contrario. Ayer regresó al escenario político el reformismo: la oferta de cambio moderado, con democracia.
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