Opinión |2 Oct 2009 - 9:53 pm

José Salgar

El hombre de la calle

Marruecos, vivir hoy como hace mil años

Por: José Salgar

HACIA EL FINAL DE UNA CORRERÍA turística a través de Marruecos llegamos a un sitio que no es fácil encontrar en este mundo.

Estamos en una ciudad amurallada en la que el aire es puro porque no hay automotores ni se oye el ruido de aviones ni de motos. Tampoco hay bicicletas ni buses ni camiones. Los únicos medios de transporte son las zorras de mano y los burros. Hay muchos gatos, pero ni un solo perro. Tampoco hay periódicos, pero abundan los teléfonos celulares y los iPhones.

Esta ciudadela fue fundada hace mil años y en este 2009 viven en ella al parecer felices y tranquilas miles de familias, en su mayoría judías, dedicadas a un intenso comercio y al turismo, que viene de lejanos países a disfrutar de un sitio que nada sabe de guerras, ni de misiles, ni de crisis económicas, porque la protegen los muros que han resistido terremotos y vandalismos, y sigue igual.

Este sitio es la Medina, en el centro de Fes, una de las ciudades en acelerado desarrollo moderno en el reino de Marruecos; punto estratégico internacional tan importante como Panamá o Estambul por estar frente al estrecho de Gibraltar, que une a África con Europa: Su rey es el joven Mohamed VI, quien en poco tiempo ha hecho en Marruecos una avanzada en agricultura, autopistas y turismo para enfrentarse al desafío del desierto del Sahara. Fue un acierto escoger Marruecos en estas vacaciones, de las que habrá mucho por hablar.

Coletilla. Ideal esta escapada hacia el pasado, para esquivar problemas del presente.

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