Opinión |4 Oct 2009 - 7:57 pm
Omisiones con repercusiones
Por: Hernán González Rodríguez
No puedo desconocer los grandes avances de la Seguridad Democrática del presidente Álvaro Uribe en la pacificación del país.
Me atrevo a afirmar que el fracaso del las negociaciones de paz del presiente Andrés Pastrana con las Farc se debió casi exclusivamente a que esta guerrilla estimaba con fundadas razones que su toma del poder no estaba lejana. Tanto Bogotá como las principales ciudades del país estaban sitiadas. Recordemos los incidentes de la posesión de Uribe el 7 de agosto de 2002.
Pero a lo largo de todos estos años he observado que el presidente Uribe casi nunca acierta en el nombramiento de sus subalternos. Abundan sus colaboradores mediocres, avejentados, politiqueros y hasta incompetentes. En esta inquietante cadena de desaciertos se destacan sus ternas mal integradas para la Fiscalía y la Procuraduría. Las autoridades monetarias, Hacienda y la Junta del Emisor, no pasan de ser unos intelectuales destacados, pero sin experiencia en la vida práctica y muy lejos de cuanto requiere Colombia para lograr un desarrollo elevado, sostenido y generalizado.
Dentro de las omisiones aludidas, son de destacar las relativas a la economía colombiana, las cuales no pueden considerarse como eventos de escasa trascendencia. De presente debemos tener ahora la conmemoración de los 70 años del comienzo de la Segunda Guerra Mundial para analizar sus causas. Casi todos los historiadores reconocen que la crisis económica de comienzos de los años 30 pavimentó en Alemania el acceso de Hitler al poder, su armamentismo y la guerra aludida.
La carencia de reformas estimulantes y adecuadas en la economía colombiana durante el gobierno del presidente Uribe en presupuestos, pensiones de jubilación, impuestos y manejo de la tasa de cambio, podría conducir al país a un estancamiento económico propicio para elegir próximamente un líder de izquierda radical, anulando así todo cuanto se le aplaude en su Seguridad Democrática.
A esta situación bien pueden conducirnos los obstáculos políticos para exportarle a Venezuela, la imprudente importación de dólares para ofrecerlos en el mercado, por parte del Ministerio de Hacienda, para ajustar sus desajustados presupuestos en un año electoral, y las omisiones de la Junta Directiva del Emisor para adoptar medidas que contribuyan a devaluar ligeramente el peso colombiano, para reducir el creciente desempleo y subempleo de los futuros electores.
A propiciar la elección de tan nefasto líder nos impulsan la dedicación absoluta del Congreso a temas como la reelección por tercera vez del presidente Uribe, descuidando la “seguridad económica”, acaso tan importante como la “seguridad democrática”. Nos impulsa la persecución a los señores congresistas de parte de la Corte Suprema de Justicia, con frecuencia, con testimonios comprados a criminales.
Cuando en otras latitudes se presentan mensualmente los directivos de los bancos centrales a confrontar sus ideas frente al Congreso y frente a la prensa, en Colombia se limitan éstos a escribir extensos informes que evaden tratar los temas clave. La incapacidad de no pocos de los señores congresistas frente a estos ineludibles temas resulta ser “navegable”.
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