Opinión |11 Oct 2009 - 8:47 pm
Obama, héroe romántico
Por: Santiago Montenegro
EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ A BArack Obama está siendo criticado desde muchos flancos, desde la derecha y desde la izquierda, desde adentro y desde fuera de los Estados Unidos, y casi todas las críticas coinciden en lo mismo. Se dice que fue prematuro, que Obama no se merece el premio porque no ha mostrado aún resultados.
Claramente, el Comité Nobel Noruego está premiando, no sus resultados, sino “sus esfuerzos extraordinarios para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”, y “su visión y trabajo por un mundo sin armas nucleares”. Cuando pondera los esfuerzos, la visión y el trabajo de Obama, el Comité, quizá sin proponérselo, está recordando al mundo que no hay un solo tipo de héroe y una sola clase de ética. Hace noventa años, poco antes de morir, Max Weber, en sus clásicas conferencias “la ciencia como convicción” y la “política como convicción”, definió que hay dos tipos de personas. Aquellos que actúan pensando en los resultados y actúan bajo una ética de las consecuencias o de la responsabilidad, sin ponderar mayormente convicciones o principios. Pero también están aquellos que ponderan más los principios y actúan primordialmente guiados por una ética de las convicciones, sin importarles mucho cuáles pueden ser las consecuencias de sus actos. Esta es la ética de los románticos, que se extendió como mancha de aceite en Europa en el siglo XIX y como reacción a la Ilustración, una ética que retomó una antigua visión de los héroes griegos. Porque para Homero, los héroes eran héroes, no porque ganaban batallas, sino por su comportamiento heroico. No eran héroes por los resultados que obtuvieron. A veces ganaban, otras veces perdían batallas. Lo que los hacía héroes era el valor que exhibían, porque sabían que su destino no dependía enteramente de ellos mismos, sino también de la suerte o de fuerzas externas, generalmente de contiendas formidables entre los mismos dioses.
Así, al resaltar los esfuerzos, la visión y el trabajo de Obama, y a pesar de estar premiando al hombre más famoso y poderoso de la tierra, el Comité Nobel Noruego también está diciendo que, para ser héroe, no se necesita ser un ganador o aparecer en los titulares de los periódicos, o ser millonario o ganar elecciones. Héroes pueden ser miles, millones de personas, sobre los cuales quizá no oiremos jamás, seres que diariamente luchan por causas, grandes o pequeñas; por causas ganadoras o por causas perdidas. Son las madres cabezas de familia que luchan por sacar adelante a sus hijos; o los trabajadores sociales y comunitarios de las barriadas de nuestras ciudades; o los pequeños y grandes empresarios que innovan en sus procesos y organizaciones; o los concejales honestos que dedican su tiempo y sus esfuerzos al servicio de la comunidad.
Al no haber resultados, los críticos también dicen que el Comité Nobel Noruego no ha premiado más que la retórica y los discursos de Obama en El Cairo, en el Parlamento de Turquía o en las Naciones Unidas. Lo que no entienden estos críticos es que para hablar bien también se necesita coraje. Se necesita mucho coraje para hablar claro y sin ambigüedades sobre temas difíciles y controversiales. A veces es fácil decir lo que se piensa, pero es más difícil pensar lo que se dice, elaborar ideas coherentes, claras, precisas, escribirlas y decirlas bien dichas. Después de todo, los miembros del Comité saben que, como todo ser humano, Obama es amo y señor de sus silencios pero también es esclavo de sus palabras.
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