Opinión |11 Oct 2009 - 8:49 pm

María Elvira Bonilla

El premio a la esperanza

Por: María Elvira Bonilla

LA SORPRESA MAYOR FUE EN SU PROpio país.

Sus asesores en la Casa Blanca fueron los primeros sorprendidos y los medios empezando por los de su propia ciudad, Chicago, no han dudado en calificar el Premio Nobel de paz del Presidente Barack Obama, no solo de inesperado sino de  prematuro. En efecto no es un reconocimiento a resultados en temas candentes que aún están por encontrar solución como son el aumento del pie de fuerza en Afganistan que además de los 20.000 soldados que ya combaten allá, el general comandante de la tropas pide 40.000 más;  Guantánamo sigue en la incertidumbre de su cierre; el levantamiento del embargo a Cuba está que se quema en la puerta del horno; judíos y palestinos siguen animados pero para la guerra; Irán en medio de dudas y medias verdades avanza en su empoderamiento nuclear.

El premio no es por sus logros. Es el reconocimiento a su capacidad para capturar la atención del mundo frente a problemas globales que comprometen la suerte colectiva, por haber logrado transmitir la esperanza de un mejor futuro para todos, como tarea que convoca a otros, países y ciudadanos. El premio a Obama reafirma algo que el hacerismo (“trabajar, trabajar y trabajar”) contemporáneo olvida, que para cambiar las cosas, las posturas son importantes, los principios y convicciones vueltos palabras por los líderes; que el gesto, la manera de acercarse sinceramente a las personas y sus problemas, cuentan tanto como los hechos mismos.

El premio reconoce otros esfuerzos. En meses transformó la imagen de la presidencia de Estados Unidos, particularmente en Europa e impulsó a la nación más poderosa del planeta a darle un nuevo clima a la política internacional, impulsando una promisoria diplomacia multilateral, que reconoce las diferencias, la diversidad cultural, y la obligación democrática de no arrasar o satanizar al otro y de respetar la autonomía  de las naciones. Una diplomacia basada en la creencia de que quienes lideran el mundo lo deben hacer basados en valores y actitudes compartidas por la mayoría de la población mundial, basada en el respeto a los derechos de la gente. Los noruegos se la jugaron por la intención de Obama por encontra  la solución de los conflictos a través del diálogo y las negociaciones, en contraste a la actitud prepotente y arrogante de gobiernos como el de Geroge W. Bush. De allí su compromiso con la necesidad de tener un mundo libre de armas nucleares, al igual que su involucramiento con los grandes desafíos climáticos que enfrenta el mundo.

Los noruegos valoran el mensaje de Obama de que todos debemos asumir nuestra parte de responsabilidad para lograr una respuesta global a desafíos, que son globales. Obama capturó la atención del mundo y ha trasmitido la posibilidad de pensar en un mejor futuro. Y esto es un logro mayor para la paz mundial. Por esto este Premio Nobel de paz puede entenderse como una apuesta al futuro, un triunfo de la esperanza sobre el resultado.    

La reflexión detrás del Premio nobel desnuda el aislamiento colombiano respecto a la dinámica mundial de convivencia y de búsqueda de solución de los conflictos por la vía del diálogo y el entendimiento y no exclusivamente por la confrontación armada.

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